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jueves, 11 de marzo de 2010

Nacía el goleador de Boca

Anotado como Roberto Cerro -después ese apellido se transformaría en Cherro-, en el barrio de Barracas nacía el niño que sería el goleador de Boca, contando la época amateur y profesional. Palermo ya lo igualó.

Ese 23 de febrero de 1907 se asomaba al mundo un niño, al que bautizaron como Roberto Eugenio Cerro, que trascendería como el máximo goleador de Boca Juniors de toda su historia.
Ese niño empezó a jugar con diez años en el club de su barrio, el Sportivo Barracas, llevado por su hermano Felipe. La pronunciación de su apellido en italiano era "cherro" y de ahí quedó el nuevo apellido. A los 17 años debutó en primera contra Porteño, cayendo 1 a 0. En 1925 pasó a Ferro, integrando una cuarta división magnífica junto con Arico Suárez (con el que se reencontraría en Boca) y Renato Cesarini.

Era de físico robusto -de primera impresión parecía que estaba excedido de peso (80 kilos)- y de cara redonda. Fueron épocas del amateurismo y Cherro, desde 1926, jugó en Boca, que ya tenía trascendencia por su gran convocatoria y fama mundial después de la gira por Europa de 1925.

Con la Selección argentina consiguió la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam y además el segundo lugar en el primer Mundial de 1930 en Montevideo, aunque por lesiones no pudo estar en ninguna de las finales perdidas ante los uruguayos.

En ese amateurismo en nuestro país, que no era tal y estaba disfrazado, porque los jugadores ya cobraban aunque no tenían contrato profesional, Cherro jugó del '26 al '30, un total de 117 partidos, y marcó 112 goles, porque 4 partidos fueron anulados y en ellos había hecho 3 tantos.

El profesionalismo se inició en el torneo de 1931 y Boca fue campeón con 19 goles de Cherro en 30 partidos. Uno de sus compañeros en el ataque de Boca era nada menos que Francisco Varallo, otro de los goleadores históricos del xeneize. De 34 partidos, ganó 22, empató 6 y perdió 6, con 86 goles a favor.

Tenía dos apodos debido a su juego. Uno era Cabecita de oro, por su notable precisión en el juego aéreo, al igual que el actual goleador Martín Palermo. El otro apodo era El apilador, por su capacidad de gambeta a la carrera, que iba apilando rivales a su paso.

En 1933 tuvo un notable desempeño en la Selección argentina cuando venció a Uruguay por 4 a 1 con sus 4 goles. En el '34 volvió a ser campeón con Boca y logró 22 goles en 33 partidos. Repitió el título en 1935, con 16 goles en 27 partidos.

El '36 fue un año negro para Cherro, porque en la 4ª fecha, ante Vélez, agredió a un árbitro y fue suspendido por 6 meses.

En 1937 vuelve a ser el goleador notable con 20 tantos en 33 partidos. Pero increíblemente en el torneo siguiente la dirigencia le pidió el retiro porque lo consideraban un veterano a los 31 años. En ese 1938 hizo su último gol, para llegar a 106 en la era profesional. Sumados a los de la época amateur son 218 en la primera de Boca.

Murió a los 58 años, el 11 de octubre de 1965, con su récord vivo.

Su marca está a punto de ser superada después de 72 años, Maestro.

De amateur
112 goles logró en la era amateur, de 1926 a 1930, entre copas y campeonatos, cuando el fútbol argentino estaba dividido en dos asociaciones.

De profesional
106 goles hizo en la época profesional del '31 al '38, con tres títulos incluidos. Suma 218 goles y Martín Palermo lleva 216. Está cerca.

301 partido en Boca
Son los que jugó Roberto Cherro entre 1926 y 1938. Fueron 305, con 221 goles, pero se anularon 4 partidos y 3 goles. Quedó la estadística en 301 y 218 goles en la primera de Boca.

domingo, 6 de diciembre de 2009

El último partido en el Viejo Gasómetro


Los rostros de miradas bajas le daban la exacta dimensión a lo sucedido durante 90 minutos. Era un magro 0 a 0, con gusto a nada, y tanto a San Lorenzo de Almagro como Boca Juniors se les terminaba el año y ninguno de los dos se clasificaba a los cuartos de final. Acababan de jugar en el Viejo Gasómetro por la 14ª fecha del Nacional. Fue el 2 de diciembre de 1979.

Lo que no sabían ni los jugadores, los dirigentes y los hinchas en ese momento es que terminaban con un hecho histórico.

Iba a ser el último partido en ese estadio, que había nacido el 7 de mayo de 1916.

La Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires le había dado plazo al club para la renovación de la vieja cancha con tablones de madera. Moisés Annan era el presidente de ese momento y la comisión directiva aprobó la venta de los terrenos.

Decían que "el mantenimiento de la estructura de hierro y madera es costosa y no se justifica". Y también se dijo: "Nuestro glorioso Gasómetro está próximo a desaparecer por el paso del progreso, que se lleva tablones y gramillas; muchos testigos de la historia de San Lorenzo quedarán con vivencia propia en el corazón y la sensibilidad de todos los sanlorencistas".

Ese estadio en 1929 ya tenía una capacidad para 60.000 personas y allí la Selección argentina tuvo muchos momentos de gloria. Era en forma de óvalo y las plateas bajas se ubicaban alrededor, divididas por alambrados; había un espacio plano y allí nacían las populares y las otras plateas altas.

Uno de los momentos más sublimes en el Gasómetro fue el debut del español Isidro Lángara, que le hizo los cuatro goles del 4 a 2, a River el 21 de mayo de 1939. Se convertiría en uno de los grandes goleadores del club de Boedo, con 110 en 121 partidos oficiales.

Y esa es una de las tantas historias que se montaron sobre el césped del Gasómetro de avenida La Plata. Esa última vez, hace 30 años, hubo un penal que el Loco Gatti le atajó a Coscia, también jugó el mendocino Carlos Salguero (ya fallecido) para Boca y la historia terminó sólo con el crujir de los tablones y el taconeo cuando bajaba la gente.

El terreno sería un Carrefour y la cancha se iba con el cemento del progreso a otro lado. Los pedazos de tablones de Boedo ahora son motivo de culto para los hinchas. Les queda ese recuerdo.

San Lorenzo 0

Walter Corbo
Orlando Ruiz
Hugo Pena
Miguel Angel Gette
Carlos Schamberger
Ricardo Collavini
Osvaldo Rinaldi
Rubén Insúa
Hugo Coscia
Víctor Marchetti
Mario A. Rizzi
dt: Carlos Bilardo

Boca Juniors 0

Hugo Gatti
Vicente Pernía
Francisco Sa
Roberto Mouzo
Miguel A. Bordón
Juan Ramón Rocha
Abel Alves
Carlos Randazzo
Ernesto Mastrángelo
Carlos Salguero
Orlando Carrazana
DT: Juan C. Lorenzo

Fecha: 2/12/79 por la 14ª fecha del Nacional.

Estadio: San Lorenzo. Árbitro: Teodoro Nitti

Cambios: ST 21' Sergio A. Robles por Carrazana (B), 32' Oscar Félix Rodas por Rinaldi (SL) y 36'

Víctor Mancinelli por Insúa (SL).

Incidencia: PT 14' Gatti (B) le atajó un penal a Coscia (SL).


63 años estuvo el Gasómetro.
Inaugurado en 1916, ese estadio de San Lorenzo estuvo en pie hasta el 2 de noviembre de 1979. San Lorenzo quedó sin cancha hasta el 16 de diciembre de 1993.

domingo, 22 de noviembre de 2009

A 40 años de la hazaña chacarera


El 16 de noviembre de 1969,  San Martín ganaba en La Boca.  Por el torneo Nacional los Albirrojos lograban vencer al equipo que dirigía Alfredo Di Stéfano y le sacaban el invicto. Fue la sorpresa del año ese triunfo mendocino, que quedó como uno los más brillantes de la historia.

Fue una hazaña y la historia del fútbol lo seguirá sosteniendo. Los hinchas del Atlético San Martín que vivieron ese momento, hace 40 años, lo seguirán contando tan acaloradamente como esa noche del 16 de noviembre de 1969.

Porque ese equipo transitaba su segundo torneo Nacional, luego de esos inicios en el '67, y era el mejor entre los cinco equipos del Interior que participaron esa vez. Los otros eran Talleres de Córdoba, Desamparados de San Juan, San Martín de Tucumán y San Lorenzo de Mar del Plata.

Todo era distinto y los jugadores de los equipos de la Primera división del fútbol argentino eran más conocidos por las figuritas, por la revista El Gráfico y la Goles que por la televisión.

Y además la trascendencia de un triunfo en esos torneos llegaba por la categoría y la calidad del rival. Imagínense tener enfrente al Muñeco Madurga, al conejo Roberto Rogel, al peruano Meléndez, a Rojitas, a Silvio Marzolini a jugadores que vestían la camiseta de la selección nacional, a hombres que habían jugado mundiales. Era casi lo máximo que podía aspirar un futbolista de este país cuando no se pensaba y no habían transferencias a Europa. Todo se cocinaba en nuestros límites. 

Lo que debe haber sido para Eduardo Marillack o para el Chupete Márquez enfrentar a esos fenómenos en Buenos Aires.

Y la historia del chico contra el poderoso, del desconocido del interior contra el famoso de la Capital se dio esa noche en La Bombonera. 

Boca Juniors había traído nada menos que a Alfredo Di Stéfano, de España, para que lo dirigiera. Y le iba muy bien.

Llegaba con un récord de eficacia muy alto y había igualado la cantidad de puntos lograda por River en 1932 para un inicio de torneo. En 12 partidos había ganado 11 y empatado 1, con 29 goles a favor y sólo 7 en contra. 

Y fue el Chacarero para dar la mayor sorpresa del torneo: El Gráfico tituló "La epopeya mendocina" y decía la crónica "San Martín quebró un invicto, preenó a un puntero, que parecía inecxpugnable, poero acaso lo que más importa es la forma en que consolidó la hazaña. con claridad futbolística, con limpieza de medios. Al final, el noble aplauso de la tribuna local. Una gran defensa, un inteligente mediocampo y un justo contraataque fundamentaron la victoria".

También se mencionó: "Este San Martín provocó el impacto más conmovedor de la temporada futbolística". 

Al Albirrojo manejó el ritmo del partido Marquez encimó a Madurga, Domínguez dejó patear poco al potente Nicolau, Fabián González no dejaba recibir a Angel Clemente Rojas y así lo dejó a Boca contenido y sin reacción. Hasta que a los 19 del segundo tiempo Adolfo Soto se fue por la derecha y envió el centro para que Achával, de zurda, consiguiera el único gol del partido. La cancha de Boca, se quedó sin latir. Se paralizó.

Ese Nacional Boca salió campeón y la mancha negra, la única fue esa derrota ante San Martín. Frente a ese equipo que dejó su marca en la historia del fútbol argentino al cortarle el invicto a esos notables que salieron de las figuritas y los posters . Tocaron el cielo.  


Héroes de una gesta deportiva

Esos hombres ahora son abuelos en su mayoría, algunos como el Gringo Reggi gozan con el presente de sus hijo Gustavo que hace goles en su querido San Martín. Casi todos están lejos del mundo del fútbol. Con sus achaques propios de la edad con pelo blanco o extrañando la cabellera. Otros como el arquero suplente Peralta, ya no están.

Esos hombres tuvieron su momento de gloria, en donde subieron al pedestal como héroes modernos de una gesta deportiva. 

Este recuerdo es un homenaje para ellos, los que jugaron, los que estaban en el plantel, los que lavaban la ropa, los que cortaban el césped. Y también el roconocimiento atraviesa las fronteras de los deportistas porque también llega para Juan José Martínez, periodista de este medio, que estuvo en ese partido trabajando para El Diario, de Mendoza, y puede contar la historia.

Para todos los que participaron hace 40 años de esa epopeya este es un pequeño homenaje.

Boca Juniors (0)
Rubén Sánchez
Rubén Suñé
Julio Melendez
Roberto Rógel
Silvio Marzolini
Norberto Madurga
Migel A. Nicolau
Orlando Medina
Ramón Ponce
Angel C. Rojas
Ignacio Ramón Peña
DT: A. Di Stéfano

San Martín (1)
Enrique Reggi
Antonio Vergara
Osvaldo Sosa
Fabián González
Eduardo Marillack
José Tebez
Rodolfo Domínguez
Luis Márquez
Ernesto Czentoricky
Adolfo Soto
Miguel Rito Achával
DT: Alejandro Mur

Fecha: 13ª del torneo Nacional, 16 de noviembre de 1969. Estadio: Boca Juniors.
Arbitro: Alvarez.
Gol: ST 19' Achával.
Cambios: ST al inicio Aldo Villagra por Peña (B) y Rubén Ambroggi por Domínguez (SM). A los 32' Achával salió lesionado.

Tres veces los mendocinos
Esa de 1969 fue la 1ª victoria de un mendocino en la cancha de Boca, la 2ª fue una goleada de Gimnasia, 5 a 1, el 17/12/78 y la 3ª es reciente, el 20/9/09, Godoy Cruz por 3 a 2.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Llegaba la selección juvenil


El 10 de setiembre de 1979, tras ganarle a la Unión Soviética 3 a 1 y consagrarse en Japón campeón del mundo el seleccionado arribaba al país, mientras una Comisión de Derechos Humanos investigaba a las atrocidades de la junta militar.


En ese setiembre de 1979 otra vez el gobierno militar que pisoteaba los derechos civiles y mantenía lejos a la democracia iba a tener otro argumento propagandístico.

Porque la selección argentina juvenil deslumbraba en el Mundial de su categoría en Japón y ganaba el título con Maradona, Ramón Díaz y otros pibes que tendrían posterior trascendencia.

Y ese clima que se respiraba desde el año anterior tras la victoria de la Selección mayor en el Mundial tuvo otra vez ebullición desde el mismo gobierno, apoyado por medios periodísticos que instaban a que la gente saliera a la calle a festejar. Todo esto sucedía mientras la Comisión Interamericana de Derechos Humanos visitaba el país para recibir denuncias y realizar un informe. Llegó el 6 de setiembre de 1979 y concluyó su labor el 20.

Según el libro Nunca más, "(la comisión) elaboró un informe que, pese a su importancia, no tuvo difusión en ese momento en la Argentina. El número total de denuncias que recibió la comisión fue de 5.580, de las cuales eran nuevas 4.153, y 1.261 comunicaciones se referían a casos ya registrados y que estaban en trámite".

Durante su permanencia en el país la comisión se entrevistó con algunas autoridades nacionales, tales como el teniente general Jorge R. Videla, los integrantes de la junta militar (Viola, Graffigna y Lambruschini) y los ministros del Interior (Harguindeguy) y de Justicia (Rodríguez Varela). Además de Buenos Aires estuvieron en Córdoba y Santa Fe.

Argentina fue campeón juvenil el viernes 7 de setiembre y ese día, mientras por las radios se divulgaba hasta el cansancio el eslogan "Los argentinos somos derechos y humanos", como respuesta a la comisión, el presidente de facto Jorge Videla salía al balcón de la Casa Rosada a saludar a miles de chicos de las escuelas secundarias que habían faltado a clases usando como pretexto el campeonato logrado.

El lunes 10 de setiembre, cuando arribó la selección juvenil desde Japón, la bienvenida fue multitudinaria y Videla les ofreció una recepción a los chicos dirigidos por César Menotti. Las 250.000 calcomanías encargadas por el gobierno estampaban los autos de la Capital Federal, como queriendo tapar la verdad. Y Diego Maradona le decía a Videla: "Este triunfo es para usted y para todos los argentinos".

El informe demostró que había argentinos inhumanos, torturadores y asesinos.

Colaboradores del proceso

José María Muñoz, más conocido como el Gordo o como el Relator de América por radio Rivadavia, fue uno de los más eufóricos en la campaña "Los argentinos somos derechos y humanos".

Decía al aire "Vayamos todos a la Avenida de Mayo y demostremos a los señores de la Comisión de Derechos Humanos que la Argentina no tiene nada que ocultar". En tanto, largas colas de familiares de desaparecidos hacía sus denuncias.

También la revista Gente editaba en su tapa un título de Carta Abierta sobre derechos humanos con la foto de Maradona festejando un gol.

El subdirector y encargado periodístico era Samuel Chiche Gelblung y en sus páginas resaltaba a los familiares de las víctimas de hechos subversivos pero nunca se refería a los caídos por torturas y los miles y miles de torturados y desaparecidos sin juicio previo.

Así se movían ciertos periodistas que apañaban al proceso militar.

domingo, 30 de agosto de 2009

Moría José Manuel Moreno




Se apagaba en Merlo a los 62 años una vida de noches de tangos, alcohol y triunfos deportivos. Muchos lo consideran el 5º mejor futbolista de Sudamérica del siglo XX, detrás de Pelé, Maradona, Di Stéfano y Garrincha.


Nació ahí nomás de la cancha de Boca, en la calle Brandsen, ese 3 de agosto de 1916, y sus anhelos iban prendidos a jugar alguna vez en la primera de los Xeneizes. Pero al Rulito no lo aceptaron después de probarse para la 5ª división. El pibe trabajaba repartiendo, en una carro a caballo, la ropa de un lavadero que trabajaba con los barcos anclados en el Riachuelo. Después entró en los talleres de editorial Atlántida, que imprimen la revista El Gráfico. Seguía soñando con jugar en Boca, pero el destino lo llevó a una práctica de la 5ª de River. Y quedó.
Jugó en la cuarta especial que ganó dos títulos seguidos '33 y '34 y el DT de la primera se lo llevó a una gira por Brasil en donde compartió momentos y vestuario con Bernabé Ferreyra y Carlos Peucelle. Y con 18 años debutó ante Platense en el '35 con un triunfo por 2 a 1 y un gol.
La gente vio con asombro a ese muchacho de gran físico llamado José Manuel Moreno. Jugaba de volante ofensivo, en el equipo en donde el mendocino Bruno Rodolfi (ex Gimnasia) era el cinco.

Fue campeón con River en el '36 y '37.

Su fama trascendía el fútbol porque eran un eximio bailarín de tango y un conocedor de la noche porteña. "A mí me reprochaban mis noches milongueras, pero ¿sabés que lindo entrenamiento es el tango para los jugadores? Tenés ritmo en una corrida, manejo de perfiles, trabajo de cintura... Mirá que en una de esas anduve bien por bailar tango por las noches", contaba José.

Esas salidas nocturnas siempre se regaban con abundante alcohol y muchas anécdotas que cuentan de sus llegadas una hora antes del partido. Lo tenían que meter a la ducha y darle café para sacarle la resaca. Pero el mismo Moreno relató que "decidí portarme bien. Nada de trasnochar y sólo leche para beber, durante una semana. El domingo jugamos con Independiente en el Monumental y a los 10 minutos no podía respirar. No estaba acostumbrado a ese régimen de vida y jugué mal. Fue la tarde que De la Mata hizo un golazo".

Fue también campeón en el '41 y el '42 con el equipo apodado La Máquina debido a su perfección de movimientos. En el '44 se fue a México con Rodolfi y fue campeón con el España, de ese país. Volvió en el '46 y se "cayeron los alambrados" de la cancha de Ferro, cuando reapareció. Ahí comenzó a ser el Charro Moreno.

Y un tal Alfredo Di Stéfano fue su compañero de ofensiva. Ganó su último título con River.
En el '49 se fue a la Universidad Católica de Chile para ser otra vez campeón. Se dio el gusto de jugar en Boca en 1950, pero se rompió los ligamentos y sólo jugó una rueda.
Pasó por Defensor de Uruguay y Ferro y se fue a Colombia para ser campeón con Independiente de Medellín (es el único futbolista campeón en 4 países). Jugó y fue DT hasta su retiro con 44 años en 1961.

Siguió bailando tangos y dirigió al Deportivo Merlo en Primera C, para apagarse el 26 de agosto de 1978. Un corte y una quebrada.

Charro fue su apodo
Cuando regresó de México se lo apodó Charro. A su muerte, tras dirigir a Deportivo Merlo se denominó a la cancha con su nombre y al equipo se lo conoce como Charro.

Bailate un tango
El tango fue una de sus pasiones. Era un gran bailarín (aquí con la actriz y cantante Tita Merello). Se casó con la actriz Pola Alonso y su segunda esposa fue la hija del cantante tanguero Alberto Echagüe.

lunes, 20 de julio de 2009

El primer Boca - River jugado en Mendoza fue una gran estafa, con 53.000 hinchas en el Estadio


Ese miérco les 16 de julio se paralizó gran parte de Mendoza. Es que muchos em­pleados de comercio pidieron el mediodía o se “descompusieron” en la tarde. También los pibes tuvieron un día “distinto” de vacaciones de invierno.

Porque esa tarde de un día laborable hubo más de 50.000 personas en el estadio provincial (to davía no se lo bautizaba como Malvinas Argentinas).

Y fue esa jornada la de mayor concurrencia que ha tenido el Mundialista en sus 31 años de exis tencia.

Jugaron River y Boca por primera vez en nuestra provincia (después del ’94 lo harían casi todos los años en los torneos de verano) y la convocatoria fue mag­nífica. Aun que se excedió en la venta de boletos y las 48.000 localidades del es­tadio fueron superadas por unos 5 mil. Había gente en los pasillos y en el propio césped. (¡!)

El partido fue organizado por Godoy Cruz y terminó empatado 1 a 1. Ramón Díaz hizo el gol de River y empató Jorge Ribolzi, de penal, para Boca. River se presentó sin Passarella, Tarantini, Merlo, J.J. López y Alonso. En Boca no jugaron Pernía, Zanabria, Perotti y Gatti.

Transitaba el torneo Metropolitano (el primero de los torneos oficiales del año), el otro era el Na cional con los equipos del interior, del que River sería el cam­peón por amplio margen superando a Argentinos Juniors, que fue segundo a 9 puntos (se sumaban 2 por victoria).

Los medios locales criticaron duramente a los dos grandes del fútbol argentino, que jugaron un pésimo partido. Se criticó al Tomba, club organizador, y a los protagonistas y se dijo que el espectáculo fue “triste, lamentable, con falta de consideración, respeto y ética” y que se engañó al público “en un marco espectacular en uno de los estadios más lindos del mundo colmado”.

Esa tarde River y Boca cometieron una farsa y un fraude.

El tri de River

River Plate en ese primer torneo del ’80 alcanzó el tricampeonato. Había sido campeón del Metro y del Nacional del ’79. Era el 2º tri de River (’55,’56 y ’57) y el tercero sería Apertura y Clausura ’96-’97 y el Apertura ’97-’98.

Mala campaña: Boca era goleado por cuatro

Boca tuvo una pésima primera rueda en ese Metro, perdió 5 a 2 con Newell’s, River y los Rojos y 4 a 0 con Rosario Central. Después mejoró en la 2ª rueda y terminó en el 7º lugar a 13 puntos de River.
Diego goleador

Convirtió 42 en el año. Diego Maradona anotó 25 goles en ese torneo de 36 partidos, para Argentinos Juniors. En el Nacional (14 partidos) hizo 17 y fue el goleador anual. Ése fue su último año en el Bicho y se acercaba su pase a Boca.
53 mil personas

La capacidad del estadio de 48.000 personas fue superada ampliamente y gente con la entrada en la mano se quedó sin poder ingresar. Hubo desorganización y desorden.

jueves, 28 de mayo de 2009

Ariel Boldrini jugó en Wembley


En su primera etapa al frente de la selección Argentina, Alfio Basile convocó a Ariel Boldrini, un cordobés que jugó en Rivadavia y Maipú. Y logró igualar ante Inglaterra tras ir perdiendo 2 a 0.

Cuando a Alfio Basile le tocó debutar al frente de la Selección argentina de fútbol puso los ojos en un muchacho veloz que se distinguía por sus corridas en el Newell’s campeón.

Nacido en Berrotarán, Córdoba, ese puntero o wing, como se decía antes, se comía marcadores de punta con sus piques al lado de la raya. Y como todo pibe que empieza a jugar al fútbol y firma para algún club, su sueño era llegar a la Selección argentina de fútbol.

Y ese sueño se le cumplió en 1991. Pero aún más, sus deseos eran jugar en alguno de esos estadios míticos mundialmente, donde pocos han podido pisar su césped. Así, a este muchacho de nombre Ariel Eduardo Boldrini se le abrieron las puertas del viejo Wembley (demolido en 2002 y vuelto a construir) el 25 de mayo del ’91. Nada menos que en el mismo lugar donde otros argentinos habían montado historias que quedaron en el recuerdo, como la expulsión de Rattín en el Mundial del ’66.

Como en esos programas que “cumplen los sueños”, Boldrini se calzó la camiseta que le dijo el Coco Basile y miraba su lado Oscar Ruggeri (61 partidos en ese momento en la Selección) para copiarlo o atraer algo de esa tremenda personalidad. Ese capitán argentino ya había ganado un Mundial y había sido segundo en otro.

También lo miraba a Diego Simeone, que jugaba en Pisa, Italia, y se iba abriendo su carrera internacional. Junto con el cordobés Germán Martellotto (un ex Belgrano que jugaba en el Monterrey de México) eran los únicos foráneos del equipo.

Boldrini tomó coraje y cuando iban camino a la boca de la salida a la cancha en el temible Wembley gritó junto a sus compañeros y después se calló en el protocolo, cuando ambos equipos estaban a la vista de la multitud.

Hasta al Turco Claudio García y al Loco Carlos Enrique les entró ese respeto ante la grandeza del escenario inglés. Ellos que son habladores y chistosos, también sucumbieron cuando pisaron el césped londinense.

El Goyco mantenía su postura de cabeza alta y rostro serio, claro había atajado tantos penales el año anterior en Italia ’90, que estaba curtido de responsabilidades futbolísticas.

Y a Ariel Boldrini se le vinieron a la cabeza, por un instante, todas esos partidos con la camiseta del Centro Deportivo Rivadavia en el ’85 y su paso por el Deportivo Maipú en el Nacional B. El Coco Basile lo había hecho debutar ante Hungría y ése era el cuarto partido internacional con la celeste y blanca.

A los 15, minutos Gary Lineker expuso su fama de gran goleador (lo fue en el Mundial ’86 y tres años en Barcelona), y logró el 1 a 0 ante esa muy novata Selección argentina.

Y no era sorpresa cuando a los 5’ del segundo tiempo David Platt convertía el 2 a 0. Pero esos ingleses cabeceadores no esperaban que Argentina reaccionara con los balones aéreos y les metiera un cebezazo el Turco García, el mismo que jugará años después en la Lepra mendocina, a los 20’, y luego Darío Franco empatara a los 25’.

Los 45 mil ingleses se quedaron fríos y no se pudieron vengar de los goles de Diego de México ’86.

Y a ese muchacho cordobés que vivió algunos años en Mendoza, el sueño se le cumplió. Corrió por la raya, tiró centros y jugó en Wembley.

la campaña de Ariel Boldrini

Ariel Eduardo Boldrini jugó en Mendoza en el Centro Deportivo Rivadavia y en el Deportivo Maipú (11 partidos, 2 goles) en el Nacional B. Jugó en Talleres de Córdoba (15 partidos, 3 goles) y también en Primera A (30 partidos, 3 goles)
En la máxima división del fútbol argentino jugó en Platense (94 partidos, 15 goles) y Newell’s (37 partidos, 6 goles), donde fue campeón. En Boca estuvo 12 partidos e hizo 2 goles. Completó 173 partidos y 26 goles en la A.

En la B también jugó en Aldosivi (20, 5 goles) y Douglas Haig (24, 5 goles). Jugó en El Salvador. 

jueves, 16 de abril de 2009

El bi con Avallay


Los Rojos, bicampeones. El 15 de abril de 1965 Independiente de Avellaneda defendió con éxito el título del año anterior y le ganó el tercer partido final a Peñarol en Chile 4 a 1. El mendocino Roque Avallay, de 19 años, logró uno de los goles.

El Rojo de Avellaneda comenzaba a tener la mejor de las afinidades con la Copa Libertadores de América.

Porque en 1964 le ganó la serie final a Nacional de Uruguay pero le tocaba defender el título.

En esos años el campeón entraba directamente a semifinales, con toda la ventaja que eso significaba. En cambio el campeón actual debe jugar la clasificación desde el inicio del torneo.

Entonces a Independiente le tocó eliminarse con Boca Juniors, que venía de ganar la zona 1. Los Xeneizes se habían impuesto a Deportivo Quito de Ecuador y a The Strongest de La Paz, Bolivia; en esos años ’60 esas ciudades estaban a la misma altura que en el 2009. Pero los argentinos iban y ganaban.

Un muchacho morocho de cara angulosa y rasgos aindiados con apenas 19 años (nació el 14 de diciembre de 1945) llegaba a los Rojos con su carnet de goleador del Deportivo Maipú en 1964 y como integrante y artillero de la selección mendocina.

Era Roque Avallay, un delantero rápido que se hizo más conocido por un episodio en la cancha de Independiente de Avellaneda.

Porque jugaron las semifinales los Rojos con Boca y en el primero de esos partidos en Avellaneda Roque corrió tan rápido para tomar un centro y bajarle la pelota de gol a Rodríguez que pasó la línea y al querer saltar un alambrado bajo se enredó y fue a parar al foso con agua. “Quedé metido con el agua hasta la cintura”, decía el mendocino.

En esos tiempos varias canchas de nuestro país las construían con esos fosos para dificultar la invasión del público de las populares al campo de juego. Pero el partido lo ganó el Rojo 2 a 0. Luego en la revancha se impuso Boca 1 a 0 en la Bombonera y debieron ir a un tercer partido en cancha neutral. Jugaron en el Monumental de River 90 minutos, más 30 de alargue y terminaron 0 a 0. Se clasificaron los Rojos por mejor diferencia de gol.

Peñarol había eliminado nada menos que al Santos de Pelé en la otra serie de semifinales.

En el primer partido, jugado el 9 de abril de 1965, en la Doble Visera, triunfó el Rojo 1 a 0 con gol de Bernao. Vendría la revancha en Montevideo con derrota 3 a 1 el 12.

Y debieron ir a definir a Santiago de Chile el 15 de abril.

“Independiente llenó la escena de rojo. La vistió, la decoró de rojo desde el prólogo hasta la caída del telón. Monopolizando la escena, robándose los aplausos de la platea. De Peñarol no quedó nada. Absolutamente nada…”, decía Osvaldo Ardizzone en El Gráfico.

A los 9’ Acevedo atosigó en la salida y el balón accidentalmente le rebotó a Pérez con destino de red. Después Bernao y Avallay ampliaron la ventaja. “Los delanteros destruyeron y crearon. Transpiraron y jugaron...”, explicó Ardizzone, que vio a Vicente De la Mata como la figura.

Y el muchacho mendocino que había llegado desde su Maipú natal ya era campeón de América a los 19 años.

jueves, 9 de abril de 2009

Don Julio forever

Desde aquel 1979, Julio Humberto Grondona ocupa la presidencia de la Asociación de Fútbol Argentino. Además es vice de la FIFA. Bajo su mandato se cambió el formato de los torneos y se potenció la TV.

Pasan los presidentes del proceso militar, el de la vuelta a la democracia, que ya se murió; se suceden los peronistas, los radicales, los aliancistas y él siempre está.

“Los técnicos se van, los jugadores pasarán, la hinchada quedará y nunca te va a abandonar...”. Y esta canción tribunera le viene al caso a Julio Humberto Grondona, el hombre que se sentó en la silla de la presidencia de la AFA el 6 de abril de 1979. Pasaron 30 años y el presidente del órgano que rige el fútbol argentino continúa en el trono.

A los 47 años (nació el 18 de setiembre de 1931) Grondona llegaba a la presidencia de la AFA elegido por unanimidad. En pleno 1979 sucedía al mandato de Alfredo Cantilo, uno de los tantos interventores que puso el gobierno militar.

Le tocaba ocupar el máximo puesto en el fútbol argentino, que lucía el título de campeón mundial. Y Grondona respetó el proceso de César Luis Menotti y luego él puso en el cargo de DT a Carlos Bilardo y a todos los que siguieron.

A su larga estadía en la AFA se le puede cuestionar el hecho de eliminar el torneo Nacional (se jugó hasta el ’85) y crear categorías permanentes que perjudicaron al fútbol del interior del país por la larga y tediosa forma de juego que se creó con la pirámide que tiene en la base a las ligas del interior y en la cabeza al fútbol de primera división.

También es cierto que levantó el valor del fútbol argentino con el tema de la televisación de partidos, pero firmó contratos interminables con una sola empresa, que maneja los tiempos del fútbol nuestro. Pasan por TV los 10 partidos de Primera pero la gente que no tiene cable, en el interior, no ve ninguno. Además los goles se pueden ver recién después de las 24 del domingo. Aguantó 7 reelecciones, llegó a la vicepresidencia de la FIFA, fue el impulsor de tantos títulos argentinos y tantas sequías también y a los 77 años sigue siendo el hombre de mayor peso del fútbol argentino.

El reino de Grondona continúa.

Fundó Arsenal de Sarandí
En 1957 fue uno de los fundadores de Arsenal de Sarandí, al que presidió hasta 1976. El estadio lleva su nombre. En 1964 comenzó en Independiente de Avellaneda. El 11 de julio del ’76 fue electo presidente y estuvo hasta el ’81. En el ’79 fue el presi de la AFA.

Las medallas
Bajo su mandato la selección logró un título Mundial en el ’86 y un subcampeonato en el ’90. También una medalla de plata olímpica (’96) y dos de oro (’04 y ’08) y seis mundiales juveniles sub 20 (’79, ’95, ’97, ’01, ’05, ’07).

Sequía de la selección mayor
La sequía de títulos abarca desde 1993 hasta la fecha. En ese lapso con Basile (que ganó la Copa América ’93 en Ecuador), Passarella, Bielsa, Pekerman, otra vez Basile, el combinado mayor no ganó nada. Pasaron 5 Copa América y 4 mundiales sin triunfos.

jueves, 26 de febrero de 2009

Un vino en la camiseta de Boca


El 26 de febrero de 1983, Boca salió a jugar con la publicidad de Vinos Maravilla en su camiseta, iniciando lo que actualmente es habitual. Fue en el torneo de verano de Mar del Plata, ante River, en donde jugó el mendocino Sergio Scivoletto.

A pareció Boca Juniors en la cancha y sorprendió a la multitud en Mar del Plata. Porque en la franja amarilla había una inscripción en letras azules que decía: Vinos Maravilla.

Así se iniciaba en el fútbol argentino la publicidad estampada en las camisetas, algo que por estos días es tan común y llama la atención cuando algún club no la tiene, no sólo en el frente. Se multiplican por los costados, atrás, en las mangas... y bajan a los pantalones. La publicidad invadió la indumentaria y hasta se perdió la esencia de muchas camisetas tradicionales, con los colores de su fundación “ensuciada” por otros tonos lejanos a los del club.

Esa noche el vino común de una bodega sanjuanina quedó marcado a fuego en la camiseta de Boca. Sus ventas crecieron y a partir de allí otras empresas hicieron las ofertas para ser la cara de las camisetas de otros clubes.

Y en esa noche marplatense estuvo el mendocino Sergio Scivoletto como testigo directo porque debutaba como marcador central en River Plate, que lo había adquirido a préstamo al Deportivo Maipú.

Scivoletto, de 20 años, decía en El Gráfico en ese momento: “Es como sacarse la lotería”. Ahora, con 46 años, es el DT de Huracán Las Heras.

El mendocino iría al banco en los dos primeros partidos del torneo Nacional y después se lesionaría gravemente en un amistoso en Montevideo, ante Nacional, el 23 de marzo. Se cortó los ligamentos cruzados y debió ser operado. Esa misma noche quedaba acordado el pase de Enzo Francéscoli, de Wanderers a River.

Esa lesión le costó la carrera en el fútbol de primera y recién pudo jugar su único partido oficial ante Temperley, el 18 de diciembre por la penúltima fecha del Metropolitano. River no hizo uso de la opción.

Pero a Scivoletto le quedaron los recuerdos de su amistad con el tercer arquero de ese equipo que era Sergio Goycochea (el titular era Fillol) con el que compartía la pensión y además el hecho de tener de compañeros a Francéscoli, Alzamendi, Merlo, Gallego, Enrique, Tarantini... que brillaron y fueron ídolos.

En esa noche de Mar del Plata también debutó, pero en Boca Juniors, un ícono de la historia de River Plate como Juan José López (38 partido y 6 goles ese año con los Xeneizes) que todavía es tomada como una traición por los hinchas millonarios.

Boca sería el campeón del verano, cuando esos torneos tenían exclusividad en la costa marplatense.

El antecedente de esa inscripción de Vinos Maravilla en Boca fue en 1967, cuando Boca salió a la cancha con buzos con Crush, la gaseosa de naranja. Pero en las camisetas no había nada.

La dirigencia de Boca dijo que con lo que pagó la bodega les cancelaban el 90% de los sueldos hasta fin de año. Había superado lo ofrecido por Hitachi.

Así comenzó la historia de la “maravillosa” publicidad en las camisetas.

No pudo ser

Sergio Scivoletto llegó ilusionado y con 20 años se dio el gusto de jugar de titular en River Plate ante Boca. Después entró en el banco, una lesión lo marginó al mes siguiente y después cuando se recuperó, jugó varios amistosos y en la reserva. Sólo actuó un partido oficial en la Primera de River. 

Imágenes
1. Goleador. Ricardo Gareca festeja en Mar del Plata uno de los goles de Boca. La Adidas inauguraba publicidad con los vinos sanjuaninos.

2. El centro. Será de Gareca y viene a marcarlo el mendocino Sergio Scivoletto.

3. Bigotes. Scivoletto parecía más de 20 años.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Don Alfredo Di Stéfano del ’69


14 de diciembre de 1969. Boca era el mejor del Nacional. El equipo, que era dirigido por Alfredo Di Stéfano, lograba empatar con River en la última fecha y daba la vuelta en el Monumental. Jugaba el mendocino Roberto Rogel, surgido del Lobo del Parque. Ese Boca perdió un partido de los 17 jugados y fue contra San Martín de Mendoza. Por la 13ª fecha el Chacarero lo derrotó de visitante por 1 a 0, con gol de Achaval.

“Ese Boca había crecido de la mano de Alfredo Di Stéfano. Pienso ahora en lo que debe sentir un jugador de fútbol cuando frente a él se planta un entrenador como Di Stéfano, verdadera leyenda viva en el fútbol mundial, considerado como uno de los los 3 o 4 mejores de todos los tiempos”, escribió Roberto Fontanarrosa en su libro No te vayas campeón, en un capítulo titulado “Más velocidad que blindaje”, referido al Boca campeón de 1969.

Por eso, en esta página están los testimonios de dos personas que vieron a ese equipo dirigido por Alfredo Di Stéfano. Uno es el Negro escritor y dibujante fallecido el año pasado, gran admirador y asiduo poblador de las tribunas del fútbol argentino. Y el otro es propio director técnico, en su libro de memorias Gracias, vieja.

El 14 de diciembre de 1969 Boca se consagraba campeón al empatar con River en el Monumental por la 17ª y última fecha, con el mendocino Roberto Rogel, surgido de Gimnasia y titular indiscutido en uno de los mejores equipos argentinos de toda la historia.

Fontanarrosa lo definía así: “Armó un equipo de Boca (...) liviano, flexible, modular, basado en el manejo de la pelota y la habilidad antes que en la lucha y la garra, atributos básicos de la cultura xeneize”.

“Di Stéfano, quizá debido a su pasado de jugador polifuncional de no atarse a ningún rincón del campo de juego, ubicó allí, de 5, al Muñeco Madurga, que tenía una enorme movilidad, muy buen manejo, toque y definición. Sacudió a la cátedra partiendo desde la mitad de la cancha, raudo, para llegar al vacío a convertir como el más acostumbrado de los definidores... rodeado de un grupo de jugadores de su misma sintonía”.

“Por si la cuota de talento y creatividad fuera escasa, también estaba Rojitas. La cintura más famosa del fútbol argentino. En ese conjunto podía hallarse también la cuota de vigor y potencia que todo hincha de Boca reconoce. Rogel acompañaba a Meléndez, como para hacer más notorias las diferencias de estilos”.

Don Alfredo escribió sobre ese equipo: “Hacíamos cosas como el Madrid mío. Jugábamos un 4-3-3. A mí me gustó siempre que el delantero centro se tirara atrás (Novello) para tener superioridad numérica. Tenía dos punteros abiertos que eran maravillosos (Ponce y Peña). Cuando teníamos la pelota , se iban cuatro volantes y el lateral derecho (Suñé), que era un espectáculo”.

También recordó “cuando debutó el pibe Peña y los hinchas del Boca decían: ‘Pero, ¿quién es éste?’, debutaba contra Independiente, que tenía un lateral izquierdo que era uruguayo, que fue famoso, Pavoni. Al final del partido, vino el uruguayo y me dijo: ‘Maestro, ¿qué me has puesto, un defensa central aquí al lado mío?, me cagó a patadas...’ Ésa era la personalidad que tenía Peñita con 18, 19 años y era potente, fortísimo. ‘A ese Pavoni te lo tenés que comer’, le contesté. Y vaya si se lo comió, ganamos 3 a 1. Otro especial era Rojitas. Un chico caprichoso, de esos que necesitan que les des cariño, que les pasés la mano por el cuello. Como jugador de fútbol era un caradura de primera. Le daba lo mismo enfrentar a tres en el área, se los comía, se los llevaba y estaba Madurga, de esos mediocampistas que van en profundidad y se meten al área no al lateral. Con Novello se entendían de maravilla, porque en el fútbol los dúos, las parejas son fundamentales...”.

Si lo dice don Alfredo, es palabra autorizada.

Muy efectivo

29 puntos sumó Boca con una notable efectividad con 17 jugados, 13 ganados, 3 empatados y uno perdido. Tuvo 35 goles a favor y 11 en contra, y superó a San Lorenzo y River con 27.

Al ganador le daban 2 puntos por triunfo y si fuese como en la actualidad hubiese sumado 42 unidades en 17 partidos. 

Imágenes

Boca del ’69. Rogel, Meléndez, Sánchez, Suñe, Madurga y Marzolini. Abajo: Ponce, Rojas, Novello, Medina y Peña.

Don Alfredo. Antonio Roma y Di Stéfano gritan un gol desde el banco.

Sólido. El mendocino Rogel.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Bruno Rodolfi en la Selección

Con la presencia del mendocino Bruno Rodolfi, surgido de Gimnasia y Esgrima, que jugaba en River Plate, la Selección nacional vencía a los uruguayos por la Copa Lipton. Rodolfo tuvo una gran tarea como centre-half (número 5).

Se había ido de gimansia y Esgrima en 1934 nada menos que a River, en donde brillaban Bernabé Ferreira, Pedernera y tantos otros. Y el mendocino tuvo que pelear el puesto nada menos que con José María Minella -el estadio mundialista marplatense lleva su nombre- el puesto número cinco, denominado centre-half (centrojá) para la época.

Y se dio algo muy curioso porque en esos años en varios partidos uno que era suplente en Ríver era titular en la Selección argentina.

El mendocino fue campeón en River en el 36, 37, 41 y 42, y en su estadía en River se fue gestando La Máquina con la famosa delantera de Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Lousteau, en donde Rodolfi vestía la número 5.

Su debut en la Selección argentina se produjo el 10 de octubre con un triunfo ante Uruguay en el Centenario por 3 a 0. Pero un mes después, el 11 de noviembre de 1937, en el estadio de Independiente de Avellaneda, por la Copa Lipton (se jugó desde 1905 a 1992) Argentina vencía a los uruguayos por 5 a 1.

El diario La Nación decía del mendocino: "Rodolfi jugó acertadamente sin altibajos con un estándar de juego constante, regular, de ininterrumpida eficacia. Posiblemente la clase de juego que desarrolla influye en su contra, para los ojos de la parte del público que gusta de una acción de apariencia más desenvuelta, más elegante, por así decir. Para Rodolfi son preciosísimos que no necesita para lucirse, demostró que el equipo argentino contó con un gran centre-half".

Fue tan eficaz en el juego defensivo, como acertado en el apoyo: de alto, especialmente cuando la pelota era lanzada por los guardavallas parecían buscarlo, tal fue el acierto de su colocación y empeño. Inició las jugadas del 1º y 5º coles.

Ese día estuvo en la cancha con figuras legendarias como Antonio Sastre de los Rojos o Masantonio de Huracán y sus compañeros Peucelle y José Manuel Moreno.

Y Rodolfo salió del Lobo del Parque.

jueves, 9 de octubre de 2008

Cuando los chacareros le ganaron al Ciclón en 1967


San Martín entró en la historia del fútbol al ser el primer equipo del interior que lograba -el 8 de octubre de 1967- un triunfo en un torneo oficial de la AFA. Venció a San Lorenzo de Almagro en la cancha de Godoy Cruz.


Tuvo el sabor especial de ser la primera. Fue como el primer trago de un vino añejo o el primer mordisco a una porción de pizza. Porque en ese primer torneo nacional de fútbol, en donde los equipos de interior del país, o mejor dicho, los que no estaban directamente afiliados a la AFA, tuvieron su primera ocasión de competir por los puntos con los equipos profesionales del fútbol argentino.


Habían llegado por las eliminatorias de los torneos regionales sólo 4 equipos: Central Córdoba de Santiago del Estero, San Lorenzo de Mar del plata, Chaco for Ever y San Martín de Mendoza.
Y así comenzaron a transitar esos equipos de “tierra adentro”, con la lógica falta de competencia con los profesionales, que ya habían tenido el torneo oficial de 1967 con el campeonato obtenido por Estudiantes de La Plata.

Para los Chacareros es recordada la derrota del debut con los Rojos de Avellaneda, 3 a 2, en la 1ª fecha; luego en la 2ª ronda fue derrota ante Vélez, por 1 a 0 en Liniers; después, en la 3ª, llegó la derrota con Estudiantes de La Plata en Mendoza 2 a 1, y en la 4ª, la humillante caída en el Monumental ante River Plate por 8 a 0.

Pero el 8 de octubre del ’67, en la disputa de la 5ª fecha, cuando llegó a Mendoza San Lorenzo, con el brasileño Tim (Elba de Pádua Lima) como DT, estaba en pleno proceso para convertirse en Los Matadores, con un equipo de Carasucias, por la cantidad de jugadores de inferiores.

Pero acá chocó con el San Martín del Mumo Orsi, que lo superó 2 a 1 y se transformó en el primero que le ganó “por los puntos” a uno de la AFA. Y fue el Chacarero.
Sosa, Guzmán y Forti

Esa tarde de octubre de 1967 en la cancha de Godoy Cruz, esos hombres que venían de ser golpeados en River tenían la convicción de que podían ser la noticia de la 5ª fecha.
Por eso sorprendió a San Lorenzo que San Martín le jugara de esa forma tan agresiva y dinámica. No se esperaban que un equipo del interior se convirtiera en un oponente con superiores condiciones físicas y con una técnica digna de un profesional del fútbol.

“Osvaldo Sosa absorvió a Fischer con una marca inapelable” decía El Gráfico sobre la figura de la cancha, y también destacaba a Miguel Guzmán, quien “aportó temperamento y vigor para cortar la zona creativa del rival”. Sobre Forti, decía: “Fue salida ofensiva de los locales y nadie pudo taparlo”. Ellos habían sido los mejores de San Martín.
Imagen: Saludo. El DT Mumo Orsi felicita con un beso a Benito Valencia.

miércoles, 1 de octubre de 2008

La Bodega está de fiesta


Godoy Cruz goleó a Boca Juniors 4-1, por la 8ª fecha del torneo Apertura de Primera A, en una jornada que será recordada y quedará en los registros como una de las más brillantes logradas por un equipo mendocino.


La historia te marca con sucesos imborrables (ese 4 a 1 de Godoy Cruz a Boca), con epopeyas míticas (el triunfo del provinciano ante el grande), con grandes batallas ganadas por héroes (esos de camiseta blanca y azul).

Y resalta la convicción de personajes con el suficiente carisma para sellar en la memoria colectiva que ayer jugó Jairo Castillo.

Y Godoy Cruz ayer al vencer al multicampeón, al Rey de Copas (junto con el Milan), alimentó y llenó su panza de historia futbolística.

Porque tuvo la más contundente de sus victorias en primera división, porque anuló al “10” de la Selección argentina mayor y al campeón olímpico (Juan Román Riquelme). Así, el Tomba de Daniel Oldrá brindó uno de los conciertos futbolísticos más brillantes y emotivos que se recuerden de un equipo mendocino en toda su historia.

Y todo concuerda en agrandar la victoria, precisamente por el rival ante el que la consiguió.

Godoy Cruz estuvo decidido a jugarle con una actitud agresiva al mismísimo Boca. Como sabiendo que en el algún momento el cansancio físico se notaría. Como si esos 4 partidos en 8 días (la mayoría jugó 3) fuesen a determinar el resultado.

Y Godoy Cruz se autoconvenció de que es un equipo con ritmo y proyección. Encaraba por la banda derecha con el inquieto Hernán Encina desgastando piernas xeneizes. Y por la izquierda la llevaba Ariel Rojas hasta la misma línea final ahogando la salida de Calvo y de cualquiera. Y juntándose con ambos estaba Víctor Figueroa para clarificar, para cambiar el ritmo y para contagiar con su juego rápido.

El Tomba estaba preparado para recibir esos intentos de Riquelme o el cabezazo en el poste de Cáceres o la que se perdía Palacio. Porque Godoy Cruz no se achicó ni con el gol de Leandro Gracián, que la cruzó abajo a los 36 minutos. Porque unos instantes después Rojas fue una flecha por la izquierda y la cabeza del colombiano Castillo era la vía del empate. Acción y reacción.

Motivos como para tomar decisiones en los vestuarios frente a un rival que empezaría a sentir que sus piernas no eran las mismas de días atrás. Que sus músculos se endurecerían y que la potencia iba en descenso. Lo aprovechó el Tomba con esa pelota que tiró Rojas, desvió Franco y fue a parar al pie de Sigali para sorprender a Caranta.

La obra del Expreso iba tomando forma y color. Y por eso Olmedo se tiraba la luchaba y la alargaba para Encina, que le servía un exquisito pase gol a Jairo.

El Tomba fresco se estimulaba con goles. Sus hinchas gozaban de ese 3 a 1 y como nunca esos cantos inflaban corazones, que quedarán en los fascículos de los tombinos.

Jairo Castillo corría rivales, defendía en el área, y aunque el dolor se lo comía, prefirió volver a la cancha para aprovechar esa corrida de Leandro Caruso, que le hizo una invitación al gol. Y Jairo cantó por tercera vez (era el 4 a 1) para empezar competir con otros seres de la “mitología godoicruceña”.

Boca Juniors goleado, golpeado y cansado en el Malvinas Argentinas. Godoy Cruz enfrente lo mitigaba y lo sometía. Una defensa segura sostenía el resultado, unos volantes incansables llenaban de satisfacción a los miles de hinchas. Y un delantero moreno haría retorcer de sana envidia a otros goleadores de otras épocas. Porque Jairo Castillo fue héroe de una tarde-noche de brillos.

Fue la más rutilante de las estrellas que puso Oldrá. Y quedará en los registros visuales, gráficos, orales y estadísticos que Godoy Cruz le hizo 4 a 1 a Boca. Y cada vez que lo recuerden, los tombinos se llenarán de emoción . Como pasó ayer.

jueves, 4 de septiembre de 2008

A 40 años de aquel Estudiantes (LP) vs Indpte Rivadavia


E l miedo escénico tan temido esta vez no se apoderó de ese equipo de azul que debutaba. Era el segundo torneo Nacional de fútbol y cuatro equipos del interior de nuestro país jugaban con los grandes del fútbol profesional, por segundo año.

Pasado mañana se van a cumplir 40 años de ese debut de Independiente Rivadavia nada menos que frente al campeón de la Copa Libertadores de América. A los Azules les tocó enfrentarse con Estudiantes en La Plata por la 1ª fecha el 6 de setiembre de 1968. Ese partido era el único televisado de la fecha, muy distinto a los 10 que televisan ahora, en donde la TV manda.

Independiente sucedió a San Martín, que fue el representante mendocino en el primer Nacional, y había llegado tras ganar su zona del torneo Regional eliminando en la final al San Martín sanjuanino.

Como refuerzos contrató a Julio Argentino Buitrago (con pasado en Boca y Huracán), Juan Andrés Pastorini (Ferro) y Carlos Pazos (Excursionistas en la Primera B) y también a de los equipos mendocinos a Mario Carmelo Herra (Gutiérrez), Osvaldo José Lamelza y Miguel A. Guzmán (San Martín).

Estudiantes, que venía de perder la final del Metropolitano con San Lorenzo, era el equipo del momento tras vencer en la Libertadores al Palmeiras.

El sistema impuesto por Osvaldo Zubeldía dio resultado durante tres años seguidos en donde fue tricampeón de América. Después varios jugadores de ese equipo seguirían con esos conceptos como Malberant, Carlos Pachamé y Carlos Bilardo.

El Gráfico tituló “El mérito mendocino”, y decía en el comentario “apenas un gol y en contra, ese es el magro resultado que deja para Estudiantes su primera presentación en el Nacional. Y de la Lepra decía que “sorprendieron con una actuación que pocos esperaban”. Los debutantes abordaron el compromiso sin complejos. Trabándole al campeón de América sus recursos más notorios, sin perder la serenidad… sólo se mostraron intentos para superar la perfecta sincronización que su adversario aplicó, la jugaba del offside (marca Zubeldía).

Y también el comentario resaltaba el excepcional trabajo del temperamental Yácomo (actualmente maneja un taxi) que quedaba libre en el fondo y salía a encimar al Bocha Flores. Debió ser sustituido por una lesión.

El arquero Poletti resultó la figura del partido por algunas buenas contenciones y además porque se favoreció que los “mendocinos se confundían con al ley del offiside –adelantamiento de toda la defensa– y aprovechó para cortar las jugadas.

Los Azules se iban aplaudidos de La Plata y Estudiantes, un mes después, venía de Manchester como campeón Intercontinental.

Imagen: La Bruja. Juan Ramón Verón, el padre de Juan Sebastián, era el jugador más querido de Estudiantes y la hinchada tenía un cantito dedicado a él. Ese jugador que ganó todo estuvo contra la Lepra.

jueves, 21 de agosto de 2008

San Lorenzo del 68 y 81: risas vs llantos


Aquellos Matadores de San Lorenzo 1968 quedaron en la historia como el primer campeón invicto del fútbol argentino. En contrapartida, en 1981 otro formación de Boedo se iba al descenso convirtiéndose en el primer equipo grande en bajar de la primera división.

Esos hechos llegaron en el mismo mes de agosto y constituyen fechas que los hinchas de los Santos no olvidan, por esos motivos que da el fútbol de festejar y llorar.

En el torneo Metropolitano, que se comenzó a jugar a partir de 1967 por la creación del Nacional, participaban los equipos afiliados a la AFA mientras que en el otro jugaban junto a los del Interior.

San Lorenzo se presentó en la final con las casacas (camisas abotonadas) con sólo dos rayas verticales azules a jugar frente a Estudiantes de La Plata, que había iniciado un año antes el camino victorioso con Osvaldo Zubeldía, que terminaría con tres copas Libertadores consecutivas.

A ese equipo debió enfrentar San Lorenzo, luego de haber terminado la fase clasificatoria invicto en 22 partidos con 14 triunfos y 8 empates, con 44 goles a favor y 10 en contra. Estudiantes fue 2º en el grupo A con 24 puntos. En la zona B se clasificaron Vélez (32) y River (31).

En semifinales los de Boedo superaban a River 3 a 1con goles de Pedro González, Cocco y Veglio mientras Ermindo Onega anotaba para River. En la otra semi, el Pincha superó a Vélez 1 a 0 con gol de La Bruja Juan Ramón Verón (padre de Juan Sebastián, La Brujita).

Y llegó el 4 de agosto en el Monumental con la final entre los Santos y Estudiantes. Anotó Verón apenas comenzado el ST y 20 minutos después igualaba el Toti Veglio. Debieron ir a 30 minutos de alargue y llegó el bombazo del Lobo Fischer, que hizo que la pelota pegara en el travesaño y bajara al gol.

Y llegarían los tiempos malos, cuando no había promedios para el descenso y bajaban los dos peores del torneo. El mismo día, el 15 de agosto, el año en que Diego Maradona era campeón con Boca Juniors (50 puntos), en la cancha de Ferro, San Lorenzo se remordía de impotencia y caía frente a Argentinos Juniors 1 a 0. Perdieron la posibilidad de convertir de penal cuando remató Delgado y atajó Alles. Después Carlos Salinas tendría la ocasión para el Bicho y no la desaprovechó. Colón (21 puntos) ya había descendido y esa tarde Argentinos llegó a los 29 puntos y mandó al descenso a San Lorenzo (28). Era el primer grande en bajar a la B. Una de cal y otra de arena en esos agostos.

Imágenes:
Arriba
Matadores invictos. Están arriba: Buttice, Albrech, Rosi, Calics y Telch. Abajo: González, Fischer, Veglio, Cocco, Tojo y Villar, en una de las formaciones que presentó San Lorenzo en 1968.
Abajo izquierda: Sin consuelo. Insúa, Ruiz que viene de frente y Osvaldo Rinaldi en el '81. Abajo a la derecha: un emblema, Gabriel Albrech, del 68.

Un mendocino matador
Rolando Gramari: el mendocino surgido de San Martín jugó en San Lorenzo de 1964 al ’69 (106 partidos) y además pasó por Huracán (6 partidos en el ’70) antes de volver a los Albirrojos. En el torneo del ’68 el marcador de punta jugó 3 partidos.

miércoles, 25 de junio de 2008

Dos mendocinos jugaron el Mundial Italia 1934


Después de 17 días de viaje en el barco “Neptunia” la Selección argentina de fútbol llegaba a Italia para jugar la 2ª edición del Mundial, en 1934.

Y dentro de ese plantel nacional estaban dos jugadores de equipos mendocinos. Roberto Irañeta, de Gimnasia y Esgrima, y Constantino Urbieta Sosa, un paraguayo que nacionalizado argentino que jugaba en Godoy Cruz. Los dos fueron titulares del único partido que disputó el seleccionado en el Mundial de Italia y fue derrota ante Suecia por 3 a 2, el 27 de mayo de 1934.

Ese combinado argentino estuvo integrado por jugadores amateurs y del interior del país. Hasta último momento no se sabía si Argentina asistiría o se plegaría a la negativa de Uruguay (campeón de 1930), ya que Italia había participado del boicot europeo al primer Mundial y los uruguayos de vengaban.

Argentina, que había formado su Liga profesional en1931, adujo también que si mandaba al mejor equipo, los jugadores se perderían casi 3 meses (35 días se tardaba en el viaje en barco ida y vuelta, nada más) y se prefirió darle importancia al torneo local.

También se decía que había un gran enojo con Italia porque se habían ido varias figuras argentinas (de padres italianos) como Raimundo Orsi, Enrique Guaita, Atilio Demaría y Luis Monti, que serían campeones mundiales con los Azurri. La particularidad en el caso de Monti era que había jugado para Argentina en la final de Uruguay, y fue el único futbolista que estuvo en dos finales mundiales jugando para distintas selecciones.

Con todas estas contrariedades para armar el equipo recién el 24 de abril, cinco días antes de la partida, se dio a conocer la lista mundialista.

Estaban Héctor Freschi, de Sarmiento, de Chaco; Pablo Nehin, de Sportivo Desamparados, de San Juan, y otros jugadores de Colón y Unión de Santa Fe, de Defensores de Belgrano, Estudiantil Porteño, Sportivo Alsina, Barracas Central elegidos por el DT Felipe Pascucci.

Antes de viajar se hizo un solo partido amistoso ante Nacional de Rosario, en la cancha de Almagro, ganado por el combinado 4 a 1.

Por primera vez se habían hecho partidos eliminatorios para la clasificación al Mundial (hasta Italia tuvo que jugarlos), pero Argentina llegaba directamente porque Chile no se presentó.

En Italia se jugaron directamente los octavos de finales entre los 16 participantes, en donde Argentina perdió en Bolonia ante Suecia 3 a 2 y debía hacer otra vez la travesía en barco cruzando el océano Atlántico.

Roberto Irañeta y Constantino Urbieta Sosa habían cumplido el sueño de viajar a Europa y jugar un Mundial y se volvían para ponerse otra vez las camisetas del Lobo y del Tomba. Quedaban en la historia de los mundiales y de la Selección argentina.

Así formó la Selección

Héctor Freschi

Juan Padevilla

Ernesto Belis

José Nehín

Federico Wilde

C. Urbieta Sosa

Arcadio López

Alberto Galateo

Francisco Rua

Alfredo De Vicenzi

Roberto Irañeta

dt: Felipe Pascucci


Roberto Irañeta

Había nacido el 21 de marzo de 1915 en Mendoza y tenía 19 años cuando jugó el partido del Mundial ante Suecia. Era un delantero rápido y habilidoso y se movía como wing izquierdo. En Gimnasia y Esgrima fue campeón varias veces en la década del treinta.

Imagen: Arribala selección argentina. Abajo, Roberto Irañeta con la camiseta del Lobo; Urbieta Sosa, de Godoy Cruz; la Copa del Mundo, comparado con la actual; el afiche de Italia 1934, la selección argentina y el campeón del mundo, Italia.

viernes, 20 de junio de 2008

Juega el Bocha Ponce

Ese pibe que se lucía en Godoy Cruz cada vez que tocaba la pelota tenía un destino en el...

Ese pibe que se lucía en Godoy Cruz cada vez que tocaba la pelota tenía un destino en el fútbol profesional. Junto a otros chicos de la clase ’62 (había nacido el 26 de junio de ese año) integraba la octava maravilla, llamada así por los resultados logrados y el fútbol que mostraban esos niños. Por supuesto que el Tomba fue campeón invicto con una gran diferencia entre los goles a favor y en contra.

Además ese mismo equipo fue logrando primeros lugares a medida que los chicos crecían y debían formar, la séptima, la sexta...

Ahí estaba José Daniel Ponce, que fue promovido a la primera división y se afianzó en la Liga Mendocina con 16 años.

Su futuro estaba en la AFA y fue Estudiantes de La Plata el que lo compró con edad de juvenil. Carlos Bilardo fue el que lo hizo debutar y fue campeón del Metropolitano de 1982 y luego Eduardo Manera, lo mantuvo y logró el torneo Nacional del ’83.

Bilardo ganaba prestigio como DT y lo nombraron como remplazante de Menotti al frente de la Selección argentina de fútbol. Empezaba otro ciclo tras 9 años. El Narigón comenzó su ciclo en un amistoso frente a Chile, en Santiago con un 2 a 2, en mayo de 1985. Para la revancha frente a los chilenos en Buenos Aires, en la cancha de Vélez Sarsfield, el DT hizo debutar en la Selección al pibe que había visto crecer en La Plata. Ponce era titular ese 23 de junio de 1985, la lado del Beto Alonso, el Pato Fillol, Ruggeri y otros consagrados.

Eran todos jugadores que estaban en equipos argentinos con una base de hombres de Independiente de Avellaneda como Clausen, Marangoni, Enzo Trossero, Calderón y Morete.
Ese equipo ganó esa noche 1 a 0 con tanto del Puma Morete y esa era la primera

victoria en la era Bilardo que seguiría con el título del Mundial ’86 en México y el subcampeonato en Italia ’90. Por eso esa victoria entra en los recuerdos estadísticos. Y además estuvo integrado por cuatro jugadores que serían campeones mundiales tres años después: Ruggeri, Garré, Clausen y Olarticoechea.

El Bocha Ponce volvería a jugar en julio contra Paraguay y también tuvo su lugar en la Copa América.
Lo distinguía su buena pegada y sus aciertos en los tiros libres y además la precisión en los tiros de esquina. Bilardo lo había tenido horas y horas practicando.

Ponce debutó en el equipo del Narigón pero quedó en el camino y jugó en la Selección hasta el ’85. Al ’86, Bilardo no lo llevó.

miércoles, 18 de junio de 2008

Tragedia en Lima (1964)


La Selección nacional le ganaba a Perú 1 a 0 en el preolímpico jugado en Perú y el partido se suspendió por la invasión de unos aficionados y la exaltación general. Se suscitó uno de los
mayores horrores de la historia del fútbol.

Una de las mayores tragedias en la historia del fútbol mundial tuvo como protagonista a la Selección argentina de fútbol sub 23.

Y es una historia muy pocas veces contada o publicada. Fue terrible lo que pasó esa tarde del 24 de mayo de 1964 en Lima, la capital de Perú.

Porque Argentina le ganó a la selección local 1 a 0 por el torneo preolímpico que clasificaba para Tokio ’64, y el fútbol quedó como un dato estadístico para tener a la muerte como principal protagonista. Porque 340 personas fallecieron en ese partido y quedaron unos 500 heridos.

El torneo, que clasificaría a dos equipos sudamericanos para los Juegos Olímpicos, arrancó para Argentina el 8 de mayo con un triunfo frente a Colombia por 1 a 0 y seguiría con tres victorias más: 1 a 0 a Ecuador, 4 a 0 a Chile y 3 a 1 a Uruguay para llegar a ese partido ante los peruanos en el estadio Nacional de Lima, colmado por 45.000 personas y con mucho público en los alrededores queriendo entrar.

Por eso, los organizadores decidieron cerrar las puertas sin saber las consecuencias que ese hecho iba a acarrear.

Ernesto Duchini, el DT argentino, ese día mandó a la cancha a Cejas; Morales, Bertolotti, Perfumo y Pazos; Malleo, Mori y Cabrera; Domínguez, Manfredi y Ochoa.

Hubo un gol de Manfredi para la Blanquiceleste, a los 15 minutos, y todo siguió con dominio visitante hasta que a los 39’ el peruano Lobatón levantó la pierna frente al argentino Morales con una “plancha”, en la jugada que terminó en gol peruano. El árbitro uruguayo Ángel Eduardo Pazos lo anuló y cobró infracción.

En ese momento ingresó un aficionado, el Negro Bomba, que intentó agredir al juez pero fue detenido antes. Después lo siguió otro hincha, que también fue contenido por la policía, mientras la gente en las tribunas comenzó a protestar e insultar y varios querían invadir la cancha. La policía tiró gases lacrimógenos, lo que generó una estampida en las gradas hacia las puertas de salida… ¡que estaban cerradas!

El caos fue general y los aficionados comenzaron a morir asfixiados o aplastados. Heridos y fallecidos fueron trasladados a la zona de vestuarios, en donde los jugadores argentinos fueron testigos de ese hecho aterrador.

Después la situación de violencia se trasladó a las calles, donde hubo micros y autos incendiados, policías muertos e intercambio de balazos. Lima estaba revolucionada y la cifra de decesos iba creciendo.

El horror se había instalado. Las 340 muertes se originaron a partir de un gol anulado, una invasión, un gas lacrimógeno y las puertas que unos imbéciles decidieron cerrar.



jueves, 12 de junio de 2008

Desastre del ’58


A días de que se cumplan 50 años de la mayor goleada sufrida por la Selección argentina de fútbol, todavía...

A días de que se cumplan 50 años de la mayor goleada sufrida por la Selección argentina de fútbol, todavía cuesta entender lo que ocurrió en el Mundial de Suecia de 1958.

Como lo dijo uno de los protagonistas, el mendocino Francisco Lombardo, “Nos creíamos los mejores del mundo, y no le ganábamos a nadie. ¡Qué papelón! Fue el más grande de mi vida. Un desastre”.

Precisamente, la actuación argentina en ese Mundial fue catalogada como “El desastre de Suecia”.

La derrota con Alemania Occidental en el primer partido, por 3 a 1, alertó, pero luego se suavizó con la victoria frente a Irlanda (3 a 1). La bomba estalló cuando Checoslovaquia (actualmente República Checa y Eslovaquia) goleó a la Selección argentina por 6 a 1 y dejó fuera al equipo dirigido por Guillermo Stábile.

Lo que se presagiaba como el regreso triunfal de “los mejores a un certamen mundial”, terminó como una muestra cabal de la falta de competencia y del roce internacional con equipos europeos.

Es que, por diversos motivos políticos se cometió la equivocación de no participar en los mundiales de Italia ’38, Brasil ’50 y Suiza ’54, y durante esos años la Selección nacional vapuleaba rivales sudamericanos, incluso a Brasil, para ganar varias veces en las competencia al sur del continente.

Entonces, llegó a ese mundial tras ganarle la eliminatoria a Chile y Bolivia. Además, estaba el antecedente fresco del Sudamericano de Lima de 1957, con la gran actuación argentina de Los Carasucias (con Maschio, Angelillo y Sívori), que fueron vendidos a clubes de Italia. Así es que, para el Mundial el DT había pedido a la AFA que no permitiera la venta de los convocados, pero no fue escuchado. Incluso, también fue vendido el arquero Rogelio Domínguez, que triunfó en el Real Madrid.

La carencia de partidos internacionales con seleccionados europeos era evidente, con apenas 11 partidos en el historial desde la creación del fútbol hasta el ’58.

Hubo una concentración de 15 días en Italia jugando contra equipos juveniles; con cambio de hotel porque era muy caro; con una delegación que no llevó cocinero, y varias peleas internas entre Sanfilippo y Carrizo. Hasta hubo multas a Méndez y Roberto Zárate, que se encerraron en la habitación para seguir durmiendo. Y así se podría seguir enumerando situaciones que hoy resultan casi increíbles.
Además, la lesión de Zárate obligó a que sea remplazado por Ángel Labruna (39 años), que frente a Irlanda jugó muy bien pero decepcionó con los checos, un poco excedido de peso.

Antes del inicio del torneo, un directivo fue como “espía” para ver a los checos con los alemanes, y llegó a la concentración diciendo: “Son muy malos. Les ganamos caminando”. Así les fue.

Y las improvisaciones siguieron en el viaje de vuelta, porque no alcanzaba el dinero para los pasajes y Sanfilippo tuvo que prestar 5.500 dólares, que le había dado un amigo para comprar repuestos de relojes. A Amadeo Carrizo se lo acusó de ser uno de los mayores culpables, pero después el arquero tendría revancha y demostraría sus condiciones.

Y la llegada a Ezeiza resultó caótica para el plantel, con 10.000 personas que los esperaban para insultarlos y tirarle monedazos.

Lombardo recordaba que “lo mejor fue cuando cumplí 34, el día que le ganamos a Irlanda. Lo peor fue con los checos y la llegada al aeropuerto. Nos querían matar”.

Imagen: Pancho Lombardo, el mendocino