jueves, 4 de junio de 2009

El 1º de Maradona


El 2 de junio de 1979, Diego marcó ante Escocia. A los 18 el astro de Argentinos Juniors anotó su primer gol en la Selección argentina. Fue en una gira europea ante Escocia en Glasgow. Lo llamaron el Niño Maravilla, comparándolo con Pelé.

Para ese pibe de 18 años, que ya había sido sorteado en la colimba (servicio militar obligatorio, en esos años) era una especie de revancha.

Porque le quería demostrar al mundo que un año antes había sido una injusticia que lo dejaran fuera de la lista de 22. El 19 de mayo de 1978 el muchacho escuchó cuando César Menotti leía los nombres de los que jugarían el Mundial ’78, y no estaba. Y se le escaparon las lágrimas cuando el suyo formaba parte del trío que quedaba afuera. Así Diego Maradona, Víctor Botaniz y Humberto Bravo vivieron el peor momento.

Y el actual DT de la Selección argentina siempre recuerda con amargura ese suceso. Por eso un año después, cuando el equipo campeón mundial realizaba una gira por Europa y Estados Unidos, el diez de Argentinos Juniors tenía necesidad de demostrar todo su talento.

El 2 de junio de 1979, Maradona convirtió el primer gol con el seleccionado argentino mayor. Y así comenzó la historia que engrosaría los 34 goles, contando los partidos oficiales y amistosos internacionales.

Pero ese fue distinto. Lo marcó en el estadio Hampden Park en Glasgow, Escocia. Y la gran tarea del equipo argentino hizo parar a los escoceses de los asientos y terminaron cantando “Argentina”.

Fue 3 a 1 para Argentina en un estadio colmado que aplaudió los dos goles de Luque, uno tras una gran jugada de Diego. Y ovacionó al Niño Maravilla, como se lo llamó en esa gira europea, cuando recibió la pelota por la izquierda enfrentó al arquero y enganchó para el medio, amagó que iba a hacer un pase y se la tocó al primer palo.

En esa gira Menotti, más de una vez, se debe haber reprochado por qué no puso al pibe en el Mundial.

Pero ese juvenil que terminaría su campaña en la selección en 1994 tuvo su tiempo y jugó 4 mundiales.

Unos meses después, en ese ’79, desparramó alegría y goles en las canchas de Japón en el Mundial juvenil. Esta vez Menotti lo tuvo de figura principal.

El Pibe 10, el de la lengua afuera, se sorprendía con esas giras por Europa y terminaría jugando en EE. UU. ante el Cosmos.

Maradona jugaba como un grande y en Escocia comenzó la cuenta de goles desparramando su talento argentino.

Imagen: Arriba, Diego durante el encuentro contra Escocia. Abajo. Diego Maradona ya estaba de novio con Claudia Villafañe, con la que compartiría la mayor parte de su vida. En la gira “batió récords” de llamadas telefónicas a su casa y a su novia.

jueves, 28 de mayo de 2009

Ariel Boldrini jugó en Wembley


En su primera etapa al frente de la selección Argentina, Alfio Basile convocó a Ariel Boldrini, un cordobés que jugó en Rivadavia y Maipú. Y logró igualar ante Inglaterra tras ir perdiendo 2 a 0.

Cuando a Alfio Basile le tocó debutar al frente de la Selección argentina de fútbol puso los ojos en un muchacho veloz que se distinguía por sus corridas en el Newell’s campeón.

Nacido en Berrotarán, Córdoba, ese puntero o wing, como se decía antes, se comía marcadores de punta con sus piques al lado de la raya. Y como todo pibe que empieza a jugar al fútbol y firma para algún club, su sueño era llegar a la Selección argentina de fútbol.

Y ese sueño se le cumplió en 1991. Pero aún más, sus deseos eran jugar en alguno de esos estadios míticos mundialmente, donde pocos han podido pisar su césped. Así, a este muchacho de nombre Ariel Eduardo Boldrini se le abrieron las puertas del viejo Wembley (demolido en 2002 y vuelto a construir) el 25 de mayo del ’91. Nada menos que en el mismo lugar donde otros argentinos habían montado historias que quedaron en el recuerdo, como la expulsión de Rattín en el Mundial del ’66.

Como en esos programas que “cumplen los sueños”, Boldrini se calzó la camiseta que le dijo el Coco Basile y miraba su lado Oscar Ruggeri (61 partidos en ese momento en la Selección) para copiarlo o atraer algo de esa tremenda personalidad. Ese capitán argentino ya había ganado un Mundial y había sido segundo en otro.

También lo miraba a Diego Simeone, que jugaba en Pisa, Italia, y se iba abriendo su carrera internacional. Junto con el cordobés Germán Martellotto (un ex Belgrano que jugaba en el Monterrey de México) eran los únicos foráneos del equipo.

Boldrini tomó coraje y cuando iban camino a la boca de la salida a la cancha en el temible Wembley gritó junto a sus compañeros y después se calló en el protocolo, cuando ambos equipos estaban a la vista de la multitud.

Hasta al Turco Claudio García y al Loco Carlos Enrique les entró ese respeto ante la grandeza del escenario inglés. Ellos que son habladores y chistosos, también sucumbieron cuando pisaron el césped londinense.

El Goyco mantenía su postura de cabeza alta y rostro serio, claro había atajado tantos penales el año anterior en Italia ’90, que estaba curtido de responsabilidades futbolísticas.

Y a Ariel Boldrini se le vinieron a la cabeza, por un instante, todas esos partidos con la camiseta del Centro Deportivo Rivadavia en el ’85 y su paso por el Deportivo Maipú en el Nacional B. El Coco Basile lo había hecho debutar ante Hungría y ése era el cuarto partido internacional con la celeste y blanca.

A los 15, minutos Gary Lineker expuso su fama de gran goleador (lo fue en el Mundial ’86 y tres años en Barcelona), y logró el 1 a 0 ante esa muy novata Selección argentina.

Y no era sorpresa cuando a los 5’ del segundo tiempo David Platt convertía el 2 a 0. Pero esos ingleses cabeceadores no esperaban que Argentina reaccionara con los balones aéreos y les metiera un cebezazo el Turco García, el mismo que jugará años después en la Lepra mendocina, a los 20’, y luego Darío Franco empatara a los 25’.

Los 45 mil ingleses se quedaron fríos y no se pudieron vengar de los goles de Diego de México ’86.

Y a ese muchacho cordobés que vivió algunos años en Mendoza, el sueño se le cumplió. Corrió por la raya, tiró centros y jugó en Wembley.

la campaña de Ariel Boldrini

Ariel Eduardo Boldrini jugó en Mendoza en el Centro Deportivo Rivadavia y en el Deportivo Maipú (11 partidos, 2 goles) en el Nacional B. Jugó en Talleres de Córdoba (15 partidos, 3 goles) y también en Primera A (30 partidos, 3 goles)
En la máxima división del fútbol argentino jugó en Platense (94 partidos, 15 goles) y Newell’s (37 partidos, 6 goles), donde fue campeón. En Boca estuvo 12 partidos e hizo 2 goles. Completó 173 partidos y 26 goles en la A.

En la B también jugó en Aldosivi (20, 5 goles) y Douglas Haig (24, 5 goles). Jugó en El Salvador. 

jueves, 21 de mayo de 2009

Balazo para Ringo


El 22 de mayo de 1976 asesinaban a Bonavena. En Nevada, EE UU, en el cabaret Mustan Ranch, lo mataban de un balazo, a pedido del mafioso Joe Conforte. Ringo tenía 33 años y su carrera en el boxeo lo hizo brillar en los 60 y principios de los 70.

El destino le señaló a Ringo Bonavena que debía debutar, ganar, exhibirse, realizar sus mejores peleas y también morir en Estados Unidos.

A ese ser querible y bonachón, también repulsivo por su fanfarronería, la muerte se lo llevó la madrugada del 22 de mayo de 1976. Cuando la efervescencia de la Dictadura Militar (los militares habían tomado el poder de la república argentina el 24 de marzo) disolvía cada encuentro “de más de 2 personas” porque lo consideraban peligroso, el velorio de un hombre convulsionó Buenos Aires. Y produjo una de las más grandes convocatorias por la muerte de un deportista que se hayan conocido.

Miles de argentinos asistieron a la despedida del mejor boxeador peso pesado de la historia argentina. Oscar Natalio Bonavena, simplemente Ringo, quien había quedado duro en el piso al recibir el disparo de un rifle 30.06 en un cabaret donde concurría habitualmente.

En la ciudad de Reno, en el condado de Storey, Estado de Nevada, en el Oeste de los Estados Unidos, cerca del límite con California, el boxeador argentino caía como bajo la “Ley del Oeste” cien años antes, cuando se arreglaba todo a los tiros y por mano propia.

El cabaret y prostíbulo Mustang Ranch era propiedad de Joe Conforte, un individuo con olor a mafia que había sido promotor de las últimos combates del argentino.

El hombre criado en Parque Patricios, en Buenos Aires, se dejó seducir por ese ambiente de mujeres lindas, tragos y algo más, y se lo asociaba a una relación de amante con Sally Conforte, esposa de Joe, semiinválida de 56 años.

Willard Ross Brymer, de profesión “matón a sueldo” y custodio, fue el autor del disparo mortal sobre Ringo, pero nadie dudó que fue Joe el instigador y autor intelectual.

Bonavena, de 33 años, ya había denunciado a ese individuo por incendiarle su casa rodante Brymer, aunque quedó libre tras el pago de una fianza de 250.000 dólares.

El argentino había denunciado en la Embajada que recibía amenazas de muerte por parte de Conforte, que a su vez decía lo mismo de Ringo. Al asesino lo juzgaron por homicidio involuntario y a los 14 meses recuperó la libertad. Años después caería en cadena perpetua por otro delito.

La historia de la muerte de Ringo nunca se esclareció y algunas versiones decían que lo mataron adentro del boliche y después lo sacaron, y otras indicaban que le tiraron con mira telescópica desde adentro.

El sábado 29 y el domingo 30 de mayo se realizó en el Luna Park el velatorio, donde fue despedido por una multitud y cientos de famosos y amigos del fanfarrón (ahora sería un mediático espectacular) más lindo de Argentina. El cortejo pasó frente al estadio de “su” Huracán, camino a la Chacarita.

Ringo perdió por un balazo.

Peleó con los mejores

En la carrera de Oscar Ringo Bonavena aparecieron varios campeones mundiales. Algunos críticos dijeron que le “tocó bailar con la más fea”, refiriéndose a la época de los años ’60 y ’70, cuando la Asociación Mundial de Boxeo reinaba y había un solo campeón peso pesado.

Con Jimmy Ellis. Lo enfrentó el 2/12/67 y perdió por puntos en una eliminatoria para pelear por el título mundial. Antes había vencido en Alemania al local Mildenberger por esa misma eliminatoria. Ellis fue campeón mundial.

Con Joe Frazier. Combatió dos veces y en ambas perdió por puntos, el 21/9/66 y el 10/12/68. Frazier fue campeón mundial y se recuerda por sus peleas con Alí.

Con Muhamad Alí. Hizo una de sus mejores peleas, o quizás la más difundida de todas, cuando perdió por nocaut técnico en el 15º round (3 caídas en el mismo round) por el título estadounidense.

Con Floy Patterson. Perdió por puntos el 11/2/72 con el ex campeón mundial.

Imagen: ¿Quién cantaba mejor?Ringo con el gran Elvis Presley. Bonavena llegó a grabar un disco simple con el “Pío pío pa”.

jueves, 14 de mayo de 2009

Nacía la Fórmula 1


El 13 de mayo de 1950, a Silverstone, un viejo aeródromo inglés, asistieron 150 mil personas a la carrera inicial de la F1 que ganó Giuseppe Farina al mando de un Alfa Romeo. Participó el argentino Juan Manuel Fangio.

Ese sábado 13 de mayo de 1950 el viejo aeródromo de Silverstone en Inglaterra fue el escenario de la primera carrera del campeonato mundial de Fórmula 1, tal como se conoce actualmente a esa categoría del automovilismo internacional.

Y en ese día histórico ganó el italiano Giusseppe Farina con Alfa Romeo 158 y tuvo que abandonar el argentino Juan Manuel Fangio con otro auto similar.

Pero para llegar a ese acuerdo hubo carreras, aumento y reducción de cilindradas en los motores y muchas otras especificaciones técnicas desde 1946, cuando la Commission Sportive Internationale (CSI), la vertiente deportiva de l’Association Internationale des Automobiles Clubs Reconnus (AIACR), se reúne por vez primera con el objetivo de proyectar una renovación del antiguo reglamento.

Entre ingleses y franceses en su mayoría iban puliendo reglamentos y en ese mismo año nació la Federación Internacional de Automovilismo (FIA), con la prohibición de participantes alemanes en las carreras. La Segunda Guerra Mundial con las invasiones alemanas y el holocausto no era olvidada fácilmente. Se corrió en esos años la Fórmula Internacional y las denominaciones se alternaron también por Fórmula 1 o 2 o Fórmula A.

La revelación de 1949 en Europa había sido Juan Manuel Fangio con el Alfa Romeo, quien se disponía a comenzar esa nueva historia en la FI. El campeonato de 1950 fue de dominio de Alfa Romeo: los Alfeta vencieron en los 6 GP puntuables (Inglaterra, Mónaco, Suiza, Bélgica Francia e Italia) y en 5 sin puntos.

El periodista Jean-Paul Delsaux recuerda: “Los Alfa dictaban su ley; aparecían majestuosos en las curvas estrechas, frenaban sin dificultad alguna en cualquier curva, volvían a acelerar con una velocidad brutal en el arranque del pequeño rectilíneo final. En aquel circuito donde únicamente se usaban las marchas altas –salvo en la partida– Alfa se divertía. Fangio fue el primero en detenerse para reabastecer; después lo haría Farina. Finalmente, casi juntos, Fagioli y Parnell. Un promedio de 25 segundos por parada, con la precisión veloz de los mecánicos milaneses que en la materia, se mostraban notables...”.

Fangio se retiró al romperse una cañería de aceite. Y Farina ganó la carrera con el fabuloso promedio de 146,370km por hora.

Definitivamente nacía la categoría automovilística y uno de las organizaciones deportivas más convocante del mundo, en un aeródromo abandonado desde la Segunda Guerra Mundial, donde se utilizaron las tres pistas como circuito.

El podio fue así:
1- Giuseppe Farina (Italia) (Alfa Romeo). 70 vueltas en 2 h 13 m 23 s
2- Luigi Fagioli (Italia) (Alfa Romeo) en 2h 13 m y 26 s
3- Reg Parnell (Inglaterra) (Alfa Romeo) en 2h 13m 15s

Fangio abandonó en la vuelta 62.
Y ese día había un argentino presente que marcaría el rumbo durante varios años

jueves, 7 de mayo de 2009

La gala de Gustavo Ballas


El 9 de mayo de 1981, el boxeador cordobés, afincado en Mendoza y pupilo de don Paco Bermúdez, ganó en el Luna Park ante una multitud que se deslumbró con su boxeo. Fue por la semifinal del título mundial gallo júnior.

Fue una noche de brillo, una noche de gala como se estila ahora llamarle en los reality show de la TV. Porque ese 9 de mayo en el Luna Park pagaron entrada 16.148 personas que se deleitaron con la demostración de un pequeño cordobés de 51,200kg. Ese muchacho nacido en Villa María (21/10/58) a los 22 años deslumbraba con su boxeo “estilo Nicolino Locche”.

Decía Robinson (seudónimo del periodista Ernesto Cherquis Bialo) en El Gráfico: “Esto es lo que trae Ballas, habilidad y destreza para transformar el boxeo en un espectáculo exento de morbosidad o, definido bajo otro prisma, hacer del boxeo un show de belleza plástica”.

El que más sufrió esa brillante exhibición fue el japonés Ryoetsu Jackal Maruyama (52,100kg), que terminó con los dos ojos hinchadísimos y decía al final de la pelea: “Me dio una lección de boxeo”.

Era por una semifinal del peso gallo junior y Ballas se ganó el derecho para pelear por el título mundial con el ganador de la otra semi entre el coreano Sok-Chul Bae y el panameño Rafael Pedroza.
Sobre Ballas, el japonés reflexionaba luego de la paliza que había recibido: “Es un superdotado. Es muy superior a los otros dos de la otra semifinal. Será campeón del mundo por seis años como mínimo”.

Le pegó en el presagio porque Ballas fue campeón mundial ese mismo año y la corona le duró sólo hasta la primera defensa.

Esa noche, en el Luna Park, la multitud presente reconoció la enseñanza del maestro don Paco Bermúdez, que estaba en el rincón del cordobés. Porque ese grande del boxeo argentino como era Bermúdez lo recibió a Gustavo de adolescente y le enseñó todo el oficio de boxeador.

En el ringside, el mismo Nicolino reconoció que “tiene algo de Cirilo Gil y algo de mí. Hizo la mejor pelea de su vida”.

Y el “eterno” presidente de la AFA, Julio Grondona, quien en ese momento llevaba sólo dos de los actuales 30 años como máxima autoridad, dijo: “Este muchacho me hizo revivir aquellos hermosos momentos en que Nicolino daba una fiesta con su boxeo”.

Ese 9 de mayo de 1981 fueron al Luna personalidades deportivas, artistas y hasta los siniestros personajes de la dictadura militar como Antonio Bussi, al que se vio haciendo chistes con el dueño del estadio, Tito Lectoure.

La gala fue brillante y de semifondo combatió Ramón Balbino Soria, otro cordobés afincado en Mendoza, que también fue retador por un título mundial. Un lujo la velada en donde Ballas estaba en la antesala de su noche más gloriosa. Llegaría en ese año...

Debutó acá en 1976

En diciembre de 1976 hizo su primera pelea como profesional, ante Raúl Anchagna, en la Federación de Box. En ese mismo cuadrilátero, al año siguiente, realizó y ganó otras cinco peleas en un inicio promisorio de su carrera como boxeador.

120 peleas

Ganó el título en el ‘81. Como boxeador profesional disputó 120 combates de los cuales ganó 105, empató 9 y perdió 6. El 12 de setiembre de 1981, en el Luna Park, superó por nocaut técnico al coreano Sok-Chul Bae.

El retiro

Se retiró el 14 de setiembre de 1990 en Chascomús, cuando le ganó por KO al correntino José Luis Barrios. Su larga campaña se vio interrumpida por problemas con el alcohol. Pudo ser más grande.

Imagen

Intocable. Como hacía Locche, Gustavo Ballas deja el golpe del japonés en el aire. El Luna Park lo ovacionó.

jueves, 30 de abril de 2009

Nicolao era el número 1

Luis Alberto Nicolao es el mejor nadador argentino de la historia y logró ser el único en batir dos veces un récord mundial. Fue en Brasil en los 100 metros mariposa. En México 1968 llegó tarde a la semifinal.

El pibe tenía un físico formidable, "especial para la natación, anque algunos creían que era un levantador de pesas o un luchador", comentaban a fines de los 50.

Y ese muchachote de pelo "colorado" que había nacido el 28 de junio de 1944 nadaba y nadaba en el club Ateneo de la Juventud de la Capital Federal.

Hasta que un día decidió tirarse al agua y batir el récord mundial de los 100 metros mariposa. Era un estilo nuevo (homologado desde 1957) y Luis Alberto Nicolao lo hacía a la perfección.

Se destacaba en nuestro país y ya lo conocían por ganar torneos sudamericanos; por eso, en 1961, con su técnico Alberto Carranza, se fueron a una gira para conseguir experiencia y medir el poderío real que había en las brazadas de Luis.

Nadó en Japón, Hawai y Estados Unidos. En una de eesas competencias superó a un campeón olímpico y además se dio cuenta de queno tenía nada que envidiarles a los grandes nadadores que tenía por los andariveles de al lado.

El 20 de agosto, Fred Schmidt marcó 58 segundos con 6 décimas en Los Angeles, EE UU, y fue un nuevo registro mundial de los 100 metros mariposa con Nicolao a sólo tres décimas.

En 1962, en el club Regatas de Guanabara, invitado por un diario de Brasil, Nicolao se tiró al agua y registró el 24 de abril el nuevo récord mundial de los 100 mariposa. Clavó los cronómetros en 58s 4d. Era todo un acontecimiento para la natación argentina.

No conforme con eso, tres días después, el 27 de abril del 62, Luis Alberto marcó 57 segundos y bajó otra vez el récord mundial.

Eso no había sucedido nunca con un nadador argentino y hasta nuestros días no ha podido ser superado.

Batió 24 récords sudamericanos en distintos estilos y fue líder en las tres ediciones de los Juegos Panamericanos.

Pero su mayor frustración es no haber ganado una medalla olímpica. Recién en México, en 1968, se incluyeron los 100 metros estilo mariposa como una disciplina olímpica.
Nicolás era uno de los candidatos a ganar alguna medalla y tuvo un percance inusitado. Cuando iba en uno de los ómnibus desde la Villa Olímpica hasta la piscina para una de las semifinales se encontró con una congestión en el tránsito debido a la maratón, que tenía su llegada en el estadio Olímpico del Distrito Federal. A pesar de que iban algunos jurados y también otros nadadores, las competencias se corrieron en los horarios previstos.

El candidato llegó tarde y quedó eliminado.

El mejor nadador argentino de la historia, el único que tuvo un récord mundial, no se pudo tirar a la pileta.

jueves, 23 de abril de 2009

Fangio corrió en Las Heras y salió 3º




El 20 de El 20abril de 1947, en la carrera disputada en un circuito trazado en El Plumerillo, se impuso el piloto Clenar Bucci y fue escoltado por el mendocino Gullé, quien en la penúltima vuelta relegó al que sería quíntuple campeón mundial al tercer lugar.

Los lasherinos estarían como locos en estos días si un piloto como Juan Manuel Fangio corriese por las calles de ese departamento.

Porque antes de ir a correr a Europa y participar en la Fórmula 1 el quíntuple campeón mundial de esa categoría participaba en carreras de muchísimos lugares de Argentina.

Como ocurrió el 20 de abril de 1947, cuando se disputó el Gran premio Vendimia de Fuerza Libre en un circuito trazado en El Plumerillo y sus adyacencias.

Fangio corría con La Negrita, un Ford T-Chevrolet que todavía se conserva en el museo de Balcarce. Las máquinas con motores importados eran las mismas que se utilizaban en los grandes circuitos mundiales y muchas fueron compradas por pilotos argentinos cuando a principios de ese año llegaron europeos a realizar algunas carreras en Buenos Aires y Rosario. Pero en esa categoría sólo se permitían máquinas de Mecánica Nacional. Algún fierro de acá tenían.

Eran tiempos en los que la mayoría corría sin casco y con antiparras. Fangio lo hizo con una boina negra. Ganó el Cadillac de 16 cilindros de Clemar Bucci, que luego en los años ’54 y ’55 competiría en cinco carreras de F1.

En el circuito de 7.040 metros se movió con comodidad la máquina del vencedor debido a la amplitud de las calles lasherinas comparadas con los autódromos.

Luego de las series preliminares se largó la final y Bucci le sacó ventaja a Fangio. De atrás iba el mendocino Pablo Gullé, que aprovechó el trompo de Fangio para pasar al segundo lugar en la penúltima fecha y ser catalogado por la revista El Gráfico como la revelación de la competencia.

Esa competencia de Fórmula Libre en El Plumerillo debe ser recordada por abuelos que les habrán contado a sus incrédulos nietos que “por el frente de la casa pasó Fangio en el ’47”.

Fangio, el mismo que brilló y ganó cinco mundiales de Fórmula 1, pero ese día le vio la nuca al mendocino Gullé.

jueves, 16 de abril de 2009

El bi con Avallay


Los Rojos, bicampeones. El 15 de abril de 1965 Independiente de Avellaneda defendió con éxito el título del año anterior y le ganó el tercer partido final a Peñarol en Chile 4 a 1. El mendocino Roque Avallay, de 19 años, logró uno de los goles.

El Rojo de Avellaneda comenzaba a tener la mejor de las afinidades con la Copa Libertadores de América.

Porque en 1964 le ganó la serie final a Nacional de Uruguay pero le tocaba defender el título.

En esos años el campeón entraba directamente a semifinales, con toda la ventaja que eso significaba. En cambio el campeón actual debe jugar la clasificación desde el inicio del torneo.

Entonces a Independiente le tocó eliminarse con Boca Juniors, que venía de ganar la zona 1. Los Xeneizes se habían impuesto a Deportivo Quito de Ecuador y a The Strongest de La Paz, Bolivia; en esos años ’60 esas ciudades estaban a la misma altura que en el 2009. Pero los argentinos iban y ganaban.

Un muchacho morocho de cara angulosa y rasgos aindiados con apenas 19 años (nació el 14 de diciembre de 1945) llegaba a los Rojos con su carnet de goleador del Deportivo Maipú en 1964 y como integrante y artillero de la selección mendocina.

Era Roque Avallay, un delantero rápido que se hizo más conocido por un episodio en la cancha de Independiente de Avellaneda.

Porque jugaron las semifinales los Rojos con Boca y en el primero de esos partidos en Avellaneda Roque corrió tan rápido para tomar un centro y bajarle la pelota de gol a Rodríguez que pasó la línea y al querer saltar un alambrado bajo se enredó y fue a parar al foso con agua. “Quedé metido con el agua hasta la cintura”, decía el mendocino.

En esos tiempos varias canchas de nuestro país las construían con esos fosos para dificultar la invasión del público de las populares al campo de juego. Pero el partido lo ganó el Rojo 2 a 0. Luego en la revancha se impuso Boca 1 a 0 en la Bombonera y debieron ir a un tercer partido en cancha neutral. Jugaron en el Monumental de River 90 minutos, más 30 de alargue y terminaron 0 a 0. Se clasificaron los Rojos por mejor diferencia de gol.

Peñarol había eliminado nada menos que al Santos de Pelé en la otra serie de semifinales.

En el primer partido, jugado el 9 de abril de 1965, en la Doble Visera, triunfó el Rojo 1 a 0 con gol de Bernao. Vendría la revancha en Montevideo con derrota 3 a 1 el 12.

Y debieron ir a definir a Santiago de Chile el 15 de abril.

“Independiente llenó la escena de rojo. La vistió, la decoró de rojo desde el prólogo hasta la caída del telón. Monopolizando la escena, robándose los aplausos de la platea. De Peñarol no quedó nada. Absolutamente nada…”, decía Osvaldo Ardizzone en El Gráfico.

A los 9’ Acevedo atosigó en la salida y el balón accidentalmente le rebotó a Pérez con destino de red. Después Bernao y Avallay ampliaron la ventaja. “Los delanteros destruyeron y crearon. Transpiraron y jugaron...”, explicó Ardizzone, que vio a Vicente De la Mata como la figura.

Y el muchacho mendocino que había llegado desde su Maipú natal ya era campeón de América a los 19 años.

jueves, 9 de abril de 2009

Don Julio forever

Desde aquel 1979, Julio Humberto Grondona ocupa la presidencia de la Asociación de Fútbol Argentino. Además es vice de la FIFA. Bajo su mandato se cambió el formato de los torneos y se potenció la TV.

Pasan los presidentes del proceso militar, el de la vuelta a la democracia, que ya se murió; se suceden los peronistas, los radicales, los aliancistas y él siempre está.

“Los técnicos se van, los jugadores pasarán, la hinchada quedará y nunca te va a abandonar...”. Y esta canción tribunera le viene al caso a Julio Humberto Grondona, el hombre que se sentó en la silla de la presidencia de la AFA el 6 de abril de 1979. Pasaron 30 años y el presidente del órgano que rige el fútbol argentino continúa en el trono.

A los 47 años (nació el 18 de setiembre de 1931) Grondona llegaba a la presidencia de la AFA elegido por unanimidad. En pleno 1979 sucedía al mandato de Alfredo Cantilo, uno de los tantos interventores que puso el gobierno militar.

Le tocaba ocupar el máximo puesto en el fútbol argentino, que lucía el título de campeón mundial. Y Grondona respetó el proceso de César Luis Menotti y luego él puso en el cargo de DT a Carlos Bilardo y a todos los que siguieron.

A su larga estadía en la AFA se le puede cuestionar el hecho de eliminar el torneo Nacional (se jugó hasta el ’85) y crear categorías permanentes que perjudicaron al fútbol del interior del país por la larga y tediosa forma de juego que se creó con la pirámide que tiene en la base a las ligas del interior y en la cabeza al fútbol de primera división.

También es cierto que levantó el valor del fútbol argentino con el tema de la televisación de partidos, pero firmó contratos interminables con una sola empresa, que maneja los tiempos del fútbol nuestro. Pasan por TV los 10 partidos de Primera pero la gente que no tiene cable, en el interior, no ve ninguno. Además los goles se pueden ver recién después de las 24 del domingo. Aguantó 7 reelecciones, llegó a la vicepresidencia de la FIFA, fue el impulsor de tantos títulos argentinos y tantas sequías también y a los 77 años sigue siendo el hombre de mayor peso del fútbol argentino.

El reino de Grondona continúa.

Fundó Arsenal de Sarandí
En 1957 fue uno de los fundadores de Arsenal de Sarandí, al que presidió hasta 1976. El estadio lleva su nombre. En 1964 comenzó en Independiente de Avellaneda. El 11 de julio del ’76 fue electo presidente y estuvo hasta el ’81. En el ’79 fue el presi de la AFA.

Las medallas
Bajo su mandato la selección logró un título Mundial en el ’86 y un subcampeonato en el ’90. También una medalla de plata olímpica (’96) y dos de oro (’04 y ’08) y seis mundiales juveniles sub 20 (’79, ’95, ’97, ’01, ’05, ’07).

Sequía de la selección mayor
La sequía de títulos abarca desde 1993 hasta la fecha. En ese lapso con Basile (que ganó la Copa América ’93 en Ecuador), Passarella, Bielsa, Pekerman, otra vez Basile, el combinado mayor no ganó nada. Pasaron 5 Copa América y 4 mundiales sin triunfos.

jueves, 26 de marzo de 2009

Inauguraban el autódromo General San Martín


El 31 de marzo de 1974, con carreras de la F1 y F2 nacional se cortaron las cintas para inaugurar el nuevo autódromo que reemplazaba al ubicado en el Parque. Unas 30 mil personas fueron ese día y el mendocino Emilio Bertolini fue segundo.

El ruido de esos motores era infernal y a la vez melodioso para los fanáticos del automovilismo.

Cada vez que pasaban esos Fórmula 1 argentinos se estremecía el cerro, convertido en tribuna de la recta principal.

Ese domingo 31 de marzo de 1974 se inauguró el autódromo General San Martín en el piedemonte mendocino. El circuito del Parque se lo trasladó más arriba para transformarlo en uno de los mejores autódromos del país.

Ubicado a 1.090 metros sobre el nivel del mar, desde los boxes se observaba el Cerro de La Gloria y más abajo la ciudad de Mendoza (a 750 sobre el nivel del mar).

Eran los años de esplendor para los monopostos de F1 Nacional, con mayoría de autos construidos por Oreste Berta, derivados del Cooper-Tornado.

Berta había importado de Inglaterra , junto con la fábrica IKA, el chasis Cooper de la F1 Internacional y le adaptó un motor Tornado de 4.000cc y 350HP. Los primeros años de esa categoría en nuestro país eran piloteados por Eduardo Copello, quien fue casi imbatible, ya que su auto técnicamente era muy superior a todos.

Los demás debieron esforzarse para construir vehículos parecidos, lo cual fue un hecho positivo para la categoría, ya que, según los especialistas, en esos años se produjo así que una categoría nacional estuviera más cerca de los autos importados.

Berta llegó a construir un modelo con motor Tornado con preparación libre, alimentado a inyección, que erogaba aproximadamente 370HP, con una velocidad final en el veloz óvalo de Rafaela de 375km/h. Nunca en las categorías nacionales hubo un auto de esas características.

Ese auto, al mando de Néstor García Veiga, realizó el récord del óvalo rafaelino. Con el tiempo de vuelta logrado, podría haber estado en el sexto o séptimo lugar en la grilla de partida cuando vinieron los poderosos autos de Indianápolis a correr las 300 Indy en 1971.

Esa vez corrieron en el flamante circuito los mejores pilotos argentinos como Guerra, Monguzzi, Ternengo, Calamante, Sotro, el mendocino Emilio Bertolini, y se destacaron Jorge De Amorrourto en la Fórmula 2, que fue preliminarista, y en la F1 Rubén Luis Di Palma, padre de José Luis, Patricio, Marco y abuelo de Josito, quienes corren actualmente.

En ese autódromo corrieron por 23 años todas las categorías del automovilistmo nacional, y además hubo F2 Internacional y varias veces ciclismo. Esas carreras de la inauguración, presenciadas por unas 30 mil personas, se vieron demoradas por invasiones del público al circuito, porque se acercaban demasiado al asfalto.

Hasta noviembre del ’97 el circuito fue utilizado, después las autoridades lo dejaron abandonado.

jueves, 19 de marzo de 2009

Juegos peronistas


El 9 de marzo de 1951, Argentina organizó y ganó esa primera edición de los Juegos Panamericanos en Buenos Aires. Era el apogeo del peronismo con Juan Domingo y Evita. El deporte era un estandarte. El mendocino Giarrizo fue oro en fútbol.

E se 9 de marzo de 1951 el estadio de River Plate lucía espléndido (aunque todavía no tenía las tribunas que dan al Río de la Plata). Era una herradura Monumental donde clausuraban los Primeros Juegos Panamericanos.

La competición se inauguró el 25 de febrero y reunió a 2.513 atletas de 21 países, que disputaron las pruebas y los partidos en 18 deportes diferentes.

En pleno apogeo del peronismo las figuras del Presidente de la Nación, Juan Domingo Perón, y de su esposa, Eva Duarte, tomaron más altura internacional debido a la organización de esa primera edición de los Juegos.

La presencia de campeones mundiales y olímpicos de distintos países realzó el deporte argentino que ganó ampliamente el medallero con 150 preseas. Como el estadounidense Malvin Whitfield, que había sido oro en los 800 metros en los Juegos Olímpicos de Londres 1948, en Buenos Aires se quedó con 3 oros. El brasileño Adhemar Ferreira da Silva, récord mundial de salto triple con 16,01 metros, logró 3 oros y fue uno de los mejores atletas de la historia de Brasil y también el estadounidense Bob Richard, bronce en salto con garrocha en Londres’48, al año siguiente, en Helsinki ’52, lograría batir el récord mundial.

De los atletas argentinos, Delfo Cabrera era figura mundial luego de ganar en los Juegos Olímpicos de Londres en la maratón y volvió a repetir en esos Panamericanos. Segundo fue otro argentino, Reiynaldo Gorno, que sería medalla de plata en la maratón de los Juegos Olímpicos del ’52. ¡Que lujo!

En el fútbol ganó el seleccionado nacional venciendo en sus 4 partidos a Chile, Paraguay, Costa Rica y Venezuela. En el plantel estuvo el mendocino José Giarrizo (tenía 18 años y en esos días había pasado de Andes Talleres a San Lorenzo) y también estuvo Osvaldo Vallone (Racing Club), que en el ’53 fue campeón de la Liga Mendocina con el Deportivo Maipú. Además Antonio Lucero (Kid Cachetada), fue uno de los entrenadores del equipo de box, oro en las 8 categorías disputadas.

Imágenes
Arriba. Delfo Cabrera, que había ganado la maratón olímpica, fue primero; segundo llegó Gorno (a la izquierda). A Cabrera lo ascendieron de cabo a cabo primero en la Policía Federal, por pedido de Evita.

Medio. José Giarrizo integró la selección argentina. Ese año debutó en San Lorenzo. Después jugó en Italia.

Abajo. El Monumental, con los obstáculos de hipismo antes de la ceremonia de cierre, tuvo brillo y espectacularidad.

jueves, 12 de marzo de 2009

Nicolino volvió sin corona


El 10 de marzo de 1972, Locche caía en Panamá en su sexta defensa del título mundial de los welters juniors frente al boxeador local Alfonso Frazer. Perdió por puntos en 15 rounds y nunca más pudo recuperar el cetro del mejor del mundo.

Había terminado la pelea ese viernes 10 de marzo de 1972 bajo el sofocante calor de Panamá y el hombre estaba resignado. Su gesto era preocupante pero no estaba angustiado. Tenía ganas de hablar, de cenar y ya se había producido el encuentro con su esposa y su hijita Nancy. No estaba solo.

Hablaba de su ahogo: “Estoy acostumbrado a mantenerme dos kilos arriba de la categoría y bajarlos en los últimos dos días antes de la pelea. En Buenos Aires, no me afecta, pero aquí me mató”, decía el boxeador ídolo de los argentinos.

También contó:“Salí con todo y después me ahogué. Pensé que estaba cambiando el aire y me quedé tranquilo. Pero pasaban los rounds y cada vez andaba peor”.

Lo cierto es que las 15.000 personas que colmaron el Nuevo Gimnasio Panamá salieron gozosos por haber visto la coronación de un nuevo campeón de los welter juniors (súper ligero). El crédito local, Alfonso Peppermint Frazer, acababa de destronar a uno de los campeones que más deslumbraron en el boxeo mundial. Por eso su nombre está en el Salón Internacional de la Fama, junto a notables boxeadores.

Esa noche fue una de las más penosas presentaciones del hombre al que alguna vez lo produjeron como Chaplín para una cesión fotográfica, a ese hombre de 32 años al que lo llamaron mago, intocable, maestro y tantos otros calificativos por su boxeo de defensa magistral y de sus piñas, que parecían toques suaves y lastimaban.

Antes de viajar al corazón de Centroamérica el hombre había realizado cinco defensas (todas en el Luna Park de Buenos Aires) del título mundial ganado en Japón en 1968. 
Era Nicolino Locche, el boxeador de los gestos al ring side, el de los esquives, de los amagues y de tantos recursos, que ningún otro boxeador pudo aplicar con la misma astucia y calidad. Ese hombre perdió el título la única vez que salió de Argentina a defenderlo. Fue a Panamá en donde le pagaron 80 mil dólares (80 millones argentinos de esa época)ñ
Y perdió por puntos. Las tres tarjetas 149 a 146, 148 a 141 y 147 a 143 favorecieron al local, incluso la del juez argentino Luis Allende.

Robinson, como firmaba con seudónimo Ernesto Cherquis Bialo, en El Gráfico, reconoció que el fallo fue justo y que después del 7º round la pelea “fue un suplicio para Locche. Permaneció en el ring por vergüenza”.

En el tercer round se produjo los mejor de Nicolino cuando atacó y desbordó al rival y Frazer recibió todo lo que le tiraba el argentino. Pero ese trabajo no tuvo continuidad porque a Locche le faltó aire y además porque Frazer realizó una pelea muy estudiada por su técnico estadounidense Ray Arciel. Y le salió bien.

Ese periodista ya lo había advertido, semanas antes, que si Locche no tenía el estado físico adecuado perdería el título mundial.

Nicolino no pudo recuperar el título. Esa noche de Panamá fue la más dura.

Es historia

80 mil dólares

Una buena bolsa 
Esa cantidad de dólares representó la más suculenta que recibió Locche y para ganar esa cifra en nuestro país, debía realizar “dos defensas y media”, dijo el promotor Tito Lectoure. Además le pagaron los pasajes, alojamiento y todos los gastos.


Peppermint

Frazer, un corto reinado
El panameño, tras conseguir el título mundial ante Locche, el 10 de marzo de 1972, no lo pudo mantener porque en la primera defensa, perdió ante el colombiano Antonio Cervantes el 28/10/72 por nocaut

La revancha

No pudo ser ante Frazer
Como el panameño perdió el título, a Nicolino le dieron otra oportunidad para recuperarlo ante Antonio Cervantes (le había ganado en el Luna Park en el ’71), pero el colombiano lo venció por nocaut técnico el 17/3/73 en Maracay, Venezuela.


A lo Nicolino

Sus frases antes de pelear
“A esta altura de mi carrera necesito demostrarme que puedo ser campeón en mi país y en cualquier lado”, ”Estoy bien preparado y sin problemas físicos”, “No le tengo miedo a Panamá, su clima, su gente y su fallos. Van a aplaudirme”

Con la familia

Nicolino estuvo con su esposa
Ana María, la primera mujer de Nicolino (después se casó con María Rosa), estuvo en Panamá con su hija Nancy (el otro hijo es Nicolino Felipe) y fue agasajada por Miss Panamá, que le entregó un ramo de flores. 

66 años tenía Nicolino Locche cuando murió en Mendoza, el 7 de setiembre de 2005. Había nacido en Tunuyán, el 2 de setiembre de 1939.

jueves, 5 de marzo de 2009

Pelé en Chacras de Coria


Una noche de asado. A la casa del presidente de Godoy Cruz, Angel Rodríguez, fueron invitados varios jugadores del Santos, y Pelé compartió la carne, la parrillada y el chivo con la familia del dirigente y otros invitados. Para el álbum.

A Pelé en la cancha de Godoy Cruz lo vieron miles de mendocinos aquel 1964. Pero tener el gusto de comer un asado con el mejor jugador del mundo de esos tiempos, fue un placer de pocos paladares.

Al otro día del partido en donde el Santos venció a Godoy Cruz 3 a 2, el presidente del Tomba, Ángel RodríAPelé en la cancha de Godoy Cruz lo vieron miles de mendocinos aquel 1964. Pero tener el gusto de comer un asado con el mejor jugador del mundo de esos tiempos, fue un placer de pocos paladares.

Al otro día del partido en donde el Santos venció a Godoy Cruz 3 a 2, el presidente del Tomba, Ángel Rodríguez, invitó a parte del plantel a cenar.

Ese lunes 2 de marzo el dirigente llevó a Pelé, Gilmar, Pepe, Mauro y el DT Luis Alonso Pérez conocido como Lula a su casa de Chacras de Coria.

El chalet está en la calle Darragueira, entre Piedras y Malvinas, y después lo compraría don Emilio Benturino.

Estaban la dueña de casa y esposa de Ángel, Irma Mori de Rodríguez, y su cuñada María del Carmen Rodríguez, quienes se encargaron de las ensaladas.

Cuando llegó el moreno brasilero de 23 años se puso a dialogar con Iris Noemí (Niní), Nélida (Luli) y Dorita, las hijas del anfitrión y la amiga de ellas Irene Varela, que tenían gran curiosidad por saber más del bicampeón mundial con Brasil en Suecia ’58 y Chile ’62.

También Pelé y sus compañeros del Santos venían de ser bicampeones de la Libertadores y la Intercontinental.

El rey Pelé, como se lo llamaba por entonces, compartió la parrillada, el chivo y también probó los vinos Tomba que pusieron los Rodríguez sobre la mesa.

Otro de los invitados fue Raimundo Mumo Orsi, que era el DT de Independiente Rivadavia. Fueron presentados a los brasileños que escucharon atentamente las anécdotas de Orsi cuando fue campeón Mundial con Italia en 1934, bajo el régimen de Mussolini. El Mumo había sido medalla de plata con Argentina en los Juegos Olímpicos de 1928.

Don Ángel Rodríguez era un empresario de la venta de automotores importados y de lujo. Su sobrino (hijo de una hermana) Julio Vega llegaría a la presidencia de Godoy Cruz en la década del ’80.

Para algunos don Ángel fue un revolucionario del fútbol local al traer a los equipos grandes a jugar con Godoy Cruz en varias ocasiones. Sus contactos le permitieron hacer esos negocios y también colocar jugadores de su club en el fútbol profesional. Fue un visionario.

Esa noche quedó para el recuerdo de la familia Rodríguez y hoy a los nietos les cuesta creer que esa historia con Pelé fue verdad.

El Santos ganó sobre la hora

El 1 de marzo de 1964 fue un domingo soleado especial para ver en acción a esos astros que traía el Santos de Brasil.

La cancha de Godoy Cruz tenía en esos momentos las tribunas actuales del sur y del oeste, donde se ubicaban los vestuarios antiguos. Pero sobre el este todavía no estaba la tribuna grande de la actualidad, y se improvisaron tribunas tubulares con tablones.

Sobre el lado norte tenía la platea en el medio, y todavía no estaba construida su costado oeste y el codo de ese sector. Sí existía la parte de abajo de la platea a todo el largo de la cancha.

Los refuerzos para ese día fueron: Filizzola, Torres, Aliendro, Jofré y Cortez de Independiente Rivadavia; Legrotaglie de Gimnasia, Curi de Huracán Las Heras y Lisboa (libre que venía del Elche de España y ya había jugado en Godoy Cruz).

Godoy Cruz formó con: Juan Filizzola; Juan Carlos Díaz, Rubén Torres, Atilio Marchiori y Hugo Sitta; Víctor Legrotaglie, Jorge Entrerríos y Osvaldo Aliendro; Patricio Jofré, Olegario Lisboa (después entró Hardan Curi), y Juan Fernández (Roberto Reggio). Los suplentes fueron: Pieruz, Cortez y Santilli. Fue DT: Vianna Da Silva.

El Santos formó con: Gilmar, Ismael, Geraldinho, Mengalvio (Lima), Haroldo, Joel, Peixinho, Rossi, Toninho (Aldir), Pelé y Pepe (Dorval). DT: Lula. Los suplentes eran: Learcio, Juan Carlos, Dalmo y Zito.

Los goles fueron marcados por Toninho a los 29’ del primer tiempo para el Santos. En el segundo tiempo empató a los 4’ Hardan Curi (GC), después aumentó Peixinho (S) a los 14’ y volvió a igualar Marchiori (GC) de penal a los 24’, pero a los 44’ marcó otra vez Peixinho (S).

Fue la única vez que Pelé pisó una cancha mendocina como jugador de fútbol. 


Imagen
Arriba: De sobremesa. Pepe, Pelé, Ángel Rodríguez, el arquero Gilmar, el representante Varela y el dirigente Testaseca.

Abajo: Campeones. Pelé, con Brasil, y Orsi, con Italia, juntos en Chacras de Coria.

jueves, 26 de febrero de 2009

Un vino en la camiseta de Boca


El 26 de febrero de 1983, Boca salió a jugar con la publicidad de Vinos Maravilla en su camiseta, iniciando lo que actualmente es habitual. Fue en el torneo de verano de Mar del Plata, ante River, en donde jugó el mendocino Sergio Scivoletto.

A pareció Boca Juniors en la cancha y sorprendió a la multitud en Mar del Plata. Porque en la franja amarilla había una inscripción en letras azules que decía: Vinos Maravilla.

Así se iniciaba en el fútbol argentino la publicidad estampada en las camisetas, algo que por estos días es tan común y llama la atención cuando algún club no la tiene, no sólo en el frente. Se multiplican por los costados, atrás, en las mangas... y bajan a los pantalones. La publicidad invadió la indumentaria y hasta se perdió la esencia de muchas camisetas tradicionales, con los colores de su fundación “ensuciada” por otros tonos lejanos a los del club.

Esa noche el vino común de una bodega sanjuanina quedó marcado a fuego en la camiseta de Boca. Sus ventas crecieron y a partir de allí otras empresas hicieron las ofertas para ser la cara de las camisetas de otros clubes.

Y en esa noche marplatense estuvo el mendocino Sergio Scivoletto como testigo directo porque debutaba como marcador central en River Plate, que lo había adquirido a préstamo al Deportivo Maipú.

Scivoletto, de 20 años, decía en El Gráfico en ese momento: “Es como sacarse la lotería”. Ahora, con 46 años, es el DT de Huracán Las Heras.

El mendocino iría al banco en los dos primeros partidos del torneo Nacional y después se lesionaría gravemente en un amistoso en Montevideo, ante Nacional, el 23 de marzo. Se cortó los ligamentos cruzados y debió ser operado. Esa misma noche quedaba acordado el pase de Enzo Francéscoli, de Wanderers a River.

Esa lesión le costó la carrera en el fútbol de primera y recién pudo jugar su único partido oficial ante Temperley, el 18 de diciembre por la penúltima fecha del Metropolitano. River no hizo uso de la opción.

Pero a Scivoletto le quedaron los recuerdos de su amistad con el tercer arquero de ese equipo que era Sergio Goycochea (el titular era Fillol) con el que compartía la pensión y además el hecho de tener de compañeros a Francéscoli, Alzamendi, Merlo, Gallego, Enrique, Tarantini... que brillaron y fueron ídolos.

En esa noche de Mar del Plata también debutó, pero en Boca Juniors, un ícono de la historia de River Plate como Juan José López (38 partido y 6 goles ese año con los Xeneizes) que todavía es tomada como una traición por los hinchas millonarios.

Boca sería el campeón del verano, cuando esos torneos tenían exclusividad en la costa marplatense.

El antecedente de esa inscripción de Vinos Maravilla en Boca fue en 1967, cuando Boca salió a la cancha con buzos con Crush, la gaseosa de naranja. Pero en las camisetas no había nada.

La dirigencia de Boca dijo que con lo que pagó la bodega les cancelaban el 90% de los sueldos hasta fin de año. Había superado lo ofrecido por Hitachi.

Así comenzó la historia de la “maravillosa” publicidad en las camisetas.

No pudo ser

Sergio Scivoletto llegó ilusionado y con 20 años se dio el gusto de jugar de titular en River Plate ante Boca. Después entró en el banco, una lesión lo marginó al mes siguiente y después cuando se recuperó, jugó varios amistosos y en la reserva. Sólo actuó un partido oficial en la Primera de River. 

Imágenes
1. Goleador. Ricardo Gareca festeja en Mar del Plata uno de los goles de Boca. La Adidas inauguraba publicidad con los vinos sanjuaninos.

2. El centro. Será de Gareca y viene a marcarlo el mendocino Sergio Scivoletto.

3. Bigotes. Scivoletto parecía más de 20 años.

jueves, 19 de febrero de 2009

Operación Fangio


Producto de un secuestro por parte de los guerrilleros cubanos comandados por Fidel Castro, el piloto argentino cinco veces campeón mundial no pudo competir en la carrera de La Habana. No hubo violencia.

E ra el quíntuple campeón mundial y seguía deleitando a los aficionados con su manejo. Por esos días de febrero de 1958 Juan Manuel Fangio se paseaba por las calles de La Habana gobernada por Fulgencio Batista, mientras en las Sierra Maestra los hombres del Movimiento 26 de Julio hacían la guerrilla.

El piloto argentino había llegado con todo el circo de los autos sports para participar del Gran Premio de Cuba, el 24 de febrero y finalmente no pudo competir porque fue víctima de un secuestro perpetrado por los hombres que dirigía Fidel Castro.

Fue uno de los golpes propagandísticos más grandes y la noticia de los rebeldes cubanos secuestrando a Fangio se expandió por todo el mundo. Fidel, el Che Guevara y los suyos lograron el cometido de hacerse conocer y de desprestigiar al gobierno de Batista. Fue la Operación Fangio.

El propósito primordial del gobierno consistía en proyectar una imagen de tranquilidad en el país. La atracción era Fangio. Era una figura renombrada en Cuba y por ejemplo aquel niño que se destacaba por su velocidad era llamado Fangio. Lo mismo ocurría cuando alguien desplegaba rapidez por cualquier motivo. También se decía “éste se cree Fangio” cuando un conductor iba muy rápido.

La historia, hecha película, la cuenta el escritor Roberto Carozzo en su libro Cuando un hombre es más que un mito.

Fangio, con su simpleza y su sabiduría, mantenía una charla en el hotel Lincoln. Todos bañados y perfumados se alistaban para ir a cenar. Un joven morocho, alto, con voz temblorosa, dijo: “Disculpe, Juan, me va a tener que acompañar”. Sorprendido, el argentino le respondió que no lo conocía. “Soy del Movimiento 26 de Julio”, agregó el extraño personaje, que descubrió un revólver. Rápido de reflejos, Fangio observó que palparon de armas a su chofer. Había tensión en el hall del hotel Lincoln. Fangio permanecía inmóvil. Uno hizo un gesto extraño y el instigador, ya muy nervioso, advirtió: “Si alguien se mueve, la consecuencia es para usted”, mientras miraba fijo al piloto.

Fangio reaccionó, pero a favor del secuestrador. “Lo vi tan nervioso que me dio miedo, por lo que le dije ‘vamos’. Y salimos”. Con el tiempo, Fangio bromeaba: “Yo esperaba que el custodio disparara y yo me tiraba al piso, como en las películas”. Pero no fue así. El resto, sucedió como en el cine. La advertencia de que nadie saliera hasta cinco minutos después, unos metros de tensa caminata, hasta un Plymouth negro y la acelerada violenta. Allí le informaron que el secuestro no era personal y que “disculpara las molestias ocasionadas”.

“Me llevaron a una casa a la que subimos por una escalera de incendios. Entramos en un cuarto donde había una mujer con un chiquito. Y había un tipo que estaba enfermo, o herido, en una habitación de al lado. Ahí se quedaron dos personas conmigo. Las otras se fueron. La señora me pidió que le firmara un autógrafo para su hijito. ‘¿Quiere que le ponga fecha?’ , le pregunté. ‘Sí, va a ser muy útil para nosotros’”.

De allí, otro rally por caminos cubanos a otra casa, y desde allí nuevamente a una tercera, adonde ingresan con los ojos destapados. “Celebraron el éxito del secuestro y en un jardín comimos todos juntos papas fritas con huevos”.

Allí Fangio se enteró de que el plan estaba pensado desde el año anterior y le contaron las aberraciones del gobierno de Batista y la lucha por un ideal. “Yo sugerí que me entregaran en la Embajada argentina”. El entonces representante del gobierno argentino en Cuba era Raúl Guevara Lynch, primo del Che. Tras 27 horas de cautiverio, la entrega se realizó en un edificio cercano al centro de La Habana.

Fangio hizo una estrecha amistad con sus secuestradores y años después los vio en Argentina y también cuando viajó a Cuba invitado por Fidel.

No participó de la carrera en El Malecón pero Fangio fue más noticia “que cuando ganaba los títulos mundiales ”.

jueves, 12 de febrero de 2009

Ernesto Guevara en Mendoza


En febrero de 1950 un estudiante de 21 años pasaba por nuestra provincia en una bicicleta con motor y visitaba a una tía. Recorrió 12 provincias en un esforzado raid que duró un mes y medio. Todavía no era el Che. (Imagen: Guevara es el último de la derecha)

Ernesto Guevara de la Serna, por esos días de febrero de 1950, todavía no era el Che ni tenía barba ni era el póster ni el ícono ni el revolucionario.

Era un muchacho de 21 años, un estudiante de tercer año de Medicina en Capital Federal y realizaba un raid en una bicicleta con un motor adosado.

El 1 de enero de 1950 había iniciado su primer viaje solo. Salió de Buenos Aires, pasó por Santa Fe y fue a Córdoba a visitar a su amigo Alberto Granado en San Francisco y a otros amigos de la infancia. Después emprendió para el noroeste argentino pasando por Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza y San Luis. En total recorrió 4.500 kilómetros.

Hace 58 años Ernesto Guevara le escribió a su padre:
“San Juan. Febrero 12 de 1950, Querido viejo: Te escribo desde aquí para desearte un feliz cumpleaños (…) Yo estoy en la etapa final de mi viaje, mañana emprendo viaje a Mendoza donde pienso estar un día en lo de (tía) Maruja si es que está ella allí y después viajo directamente a Buenos Aires. Bueno viejo, ya tendré tiempo de charlar más por allá y no hoy, que precisamente estoy sin ganas de escribir, razón por la que no le mando unas líneas a Beatriz, espero que hayan recibido las tarjetas que mandé desde Jujuy. Hubiera querido seguir viaje a La Quiaca pero hay varios ríos desbordados y un volcán en actividad que joden el paso”.

“Recibe un gran abrazo del Primogénito”

La tía Maruja era María Luisa Guevara Linch, casada con Martín Martínez Castro, cuñado del padre del Che. Esa tía estaba en Mendoza (dicen que en una casa en Coquimbito, Maipú, por el carril Urquiza). “Cuando llegó, su tía no lo reconoció a causa de la mugre que llevaba encima, cuando al fin aceptó que eso era su sobrino, le dio un tremendo almuerzo, le lavó la ropa y le llenó la mochila de bollos”, dice una biografía del Che.

Después siguió a San Luis hasta llegar a Buenos Aires. Una vez en su casa le envió una carta a la empresa Micrón que le reconoció el esfuerzo con una suma de dinero y lo incluyó en un aviso publicitario que se publicó en la revista El Gráfico varias veces durante 1950.

Ese fue el primer viaje de Ernesto Guevara que además de su espíritu aventurero, demostraba su faceta deportiva a pesar del asma que lo aquejó toda su vida.

Pedaleando y descansando cuando arrancaba el motor, en ese viaje de un mes y medio el muchacho ya se hacía planteamientos por la pobreza del Norte y las carencias de la gente. Allí empezó a sentir en persona la escasez de alimentos. Era el Che en pañales.

El inhalador

El periodista Diego Bonadeo (padre de Gonzalo), cuenta: “Guevara jugó, y yo lo vi, en Yporá (en 1947), un equipo que jugaba los campeonatos de la Liga Católica. Lo de Atalaya fue un poco posterior. En San Isidro había estado antes. Cada quince o veinte minutos tenía que salir de la cancha, por ejemplo donde estaba el juez de línea, y donde también estaba yo con el inhalador, yo le daba el inhalador y entonces él se daba unas aspiraditas y podía seguir jugando”. 

lunes, 9 de febrero de 2009

Fórmula 1 en el Parque


En 1956 se disputó una carrera en el Parque General San Martín. Ganó Fangio y el mendocino Gullé fue 8º.

Sobre esos mismos lugares de picnics estudiantiles, de salidas familiares, de amoríos a escondidas alguna vez pasaron los autos de Fórmula 1. 

Sobre varios caminos, que todavía se conservan –aunque con algunas capas de asfalto más– alguna vez Juan Manuel Fangio, los ingleses Stirling Moss, Peter Collins o el francés Jean Behra deleitaron a miles de mendocinos. 

Y aunque resulte increíble para estos tiempos, en el parque General San Martín había un circuito automovilístico y el 5 de febrero de 1956 se corrió una competencia de F1. 

Parte de ese circuito está ocupado por lo que es ahora el complejo del estadio Malvinas Argentinas. 

En 1956 se desarrollaron en nuestro país tres carreras de las cuales el GP de la República Argentina (22 de enero) fue ganada por Fangio arriba de un Ferrari Lancia D50 y tuvo puntaje para el campeonato mundial de F1. Fue en el autódromo ahora denominado Alfredo Gálvez. 

El 29 de enero se corrieron los 1.000km de la Ciudad de Buenos Aires, para coches Sport, incluyendo el autódromo y la avenida General Paz. Ganó la pareja compuesta por Stirling Moss y el argentino Carlos Menditeguy sobre un Maserati. 

Y el 5 de febrero se corrió el XII Premio Ciudad de Buenos Aires, en la capital de Mendoza. (¡!). Pero no tuvo puntaje para el mundial de F1. 

Se disputó sobre el circuito Número 1 de 4.184,31 metros de longitud y Fangio hizo el mejor tiempo de la clasificación. 

El único mendocino que participó de la competencia fue el experimentado piloto Pablo Gullé que se destacó en esa época, sobre todo corriendo en Turismo Carretera. 

Esa carrera la ganó el Chueco Fangio, que había pasado al equipo oficial de Ferrari, unido en esa temporada al de Lancia. 

Fangio ya era tricampeón mundial y venía de un doblete en el ’54 y ’55. En ese ’56 lograría su cuarto título (obtuvo 5) con el mismo auto que corrió en el Parque General San Martín. 

Dominó en las 60 vueltas superando a Moss (sería subcampeón del ’56, ganando 2 GP) a Behra (fue 4º ese año), a Collins (terminó 3º con 2 primeros lugares) demostrando todos lo que sería la temporada de FI. 

Gullé corrió sobre un Maserati y terminó en la 8ª posición entre los ases del mundo. 

El promedio de Fangio fue de 133,721 kilómetros por hora y también hizo el récord de vuelta. 

Los que vieron a Fangio en acción gozaron de esa calurosa tarde de verano con los 13 autos que participaron. Y el mendocino Gullé, aunque no fue puntuable, corrió un Fórmula 1.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Pascual Perez en Manila


El 15 de diciembre de 1958, el boxeador mendocino le ganaba en Manila, Filipinas, a Dommy Ursúa por puntos ante una concurrencia de 45 mil personas, que marcaron un récord para ese país. Era la 7ª defensa del peso mosca nacido en Tupungato.

”Pascual Pérez de Argentina dio una demostración magistral de boxeo esta noche al retener el título, contra el retador filipino Dommy Ursúa”.

También los comentarios de la pelea decían: “Las 45.000 personas que fueron a la pelea vieron el dominio del argentino. No hubo dudas respecto al ganador aunque el local conmovió al campeón por los menos tres veces con sus ataques furiosos. Pero el bailoteo y juego de piernas de Pérez y sus combinaciones de jabs de izquierda, con ganchos de derechas y golpes cruzados, se opusieron a los ataques del valiente filipino”.

El Rizal Memorial Stadium de Manila, la capital de las Islas Filipinas, tuvo el récord de asistencia para un pelea.

Al pequeño León mendocino de 49,800 kilos y 1,50 metros de altura no lo perturbaron la multitud ni los gritos de la gente. Pascualito no tuvo miedo escénico y mantuvo su invicto de 47 peleas, con 46 ganadas (36 por nocaut) y un empate.

El campeón argentino de 32 años resultó demasiado rápido y experimentado para el adversario de 25 años y de 50,800kg. El propio alcalde de Manila, el ex boxeador Arsenio Lacaon, elogió a Pérez: “Tuvo el dominio completo durante toda la pelea, hizo que Ursúa peleara como él quería. ¿No fue notable lo de Pérez?, siempre pegaba aunque fuera retrocediendo. Tiene un par de piernas maravillosas. Un soberbio boxeador”.

Y quizás esa definición sirva para describir las cualidades de un boxeador que muchos lo incluyen entre los mejores peso mosca de toda la historia.

El fallo fue unánime de los tres jurados que vieron ganador al argentino.

Un día antes de la pelea, el 14 de diciembre de 1958, Racing Club con el mendocino Pedro Manfredini se consagraba campeón del fútbol profesional de nuestro país, dos fechas antes del final.

Y ese mismo domingo concluía el Gran Premio de Turismo Carretera, que había recorrido 5.491 kilómetros por rutas argentinas, con la victoria de Juan Gálvez, quien necesitó 39 horas, 50 minutos y 28 segundos. Segundo fue Marcos Ciani y tercero Oscar Gálvez (nombre que lleva el autódromo de Buenos Aires). La última etapa unió Bahía Blanca con Capital Federal. El promedio de la carrera fue de 137 kilómetros por hora.

Pascual Pérez fue uno de los boxeadores de mayor trascendencia en la historia porque además había sido como amateur campeón olímpico en los Juegos de Londres en 1948. El 11 de noviembre de 1952 se hizo profesional. Y en 1954 le empató al japonés y campeón mundial Yoshio Sirai en el Luna Park. Por eso le dio oportunidad para pelear por el título y el 26 de noviembre Pascualito obtuvo la corona en Tokio.

Pérez no perdió el tiempo y peleaba muy seguido. Un ejemplo se da con el apretado calendario que tuvo al final del ’58 cuando peleó en Santo Domingo en agosto, en las Antillas Holandesas en noviembre –sin que estuviera en juego el título mundial–, en Filipinas en diciembre defendió el cinturón y volvió a combatir en Tokio en enero y en febrero. Como consecuencia, ante Sadao Yaoita perdió el invicto en la primera de las peleas del ’59.

En el ’60 perdería el título y nunca más lo pudo recuperar, aunque siguió peleando muy seguido por sus necesidades económicas debido a las malas inversiones.

Pero siguió siendo un León en el reino de los peso mosca.

Muchacho peronista
La recaudación de la pelea ante Ursúa fue de 1.138.000 dólares pero en esos tiempos las bolsas de los boxeadores eran inferiores a las actuales. A Pascualito le dieron 40 mil dólares y al local sólo 4 mil.

Esa vez, Pérez no dedicó públicamente su triunfo al ex presidente Juan Domingo Perón, exiliado en República Dominicana. Se comunicó por teléfono desde el hotel para comunicarle el resultado de la pelea.

La bolsa que le correspondió (40 mil dólares) la giró a República Dominicana.

El muchacho peronista era fiel a su líder político.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

La noche mágica de Nicolino Loche


Fue tan mágica que acá, en esa mañana del 12 de diciembre de 1968, el país entero prendió la radio para seguir la pelea por el título mundial de los welter juniors

Esa noche en Japón fue mágica. Tan mágica que acá, en esa mañana del 12 de diciembre de 1968, el país entero prendió la radio para seguir la pelea por el título mundial de los welter juniors. 

Y ese hombre mendocino de 29 años que ya había hecho una larga carrera boxística estaba frente a frente, en Tokio, con el campeón mundial, el japonés Paul Fuji, para tratar de quitarle el título. 

Ni hablar en esos tiempos de peleas por TV en directo, recién unos días después, los argentinos pudimos ver el show de Nicolino en blanco y negro. ¡La pelea por el título mundial en diferido! 
Hace exactamente 40 años, El Intocable, como se lo apodaba a Locche por su inconfundible estilo para esquivar los golpes, le daba a Argentina el tercer título mundial de boxeo después de los de otro mendocino, Pascual Pérez, y Horacio Accavallo. 

El Veco fue el enviado especial de El Gráfico y escribía: “Allí está el Intocable, trabajando con la izquierda adelantada. Fuji no sale a apurar y tira un golpe que se pierde en el aire”. Así terminarían la infinidad de golpes que tiró el campeón. “La izquierda de Locche ya es un látigo en esa primera vuelta”, y esa iba a ser otra de las características del combate. 

Mientras Locche mantenía el centro del ring, el hawaiano-japonés trataba de llegar en corta distancia “pero los 3 meses de entrenamiento de Locche están vivos en esas piernas que se entregan en una danza continua, casi sin tocar el piso, no ofreciendo jamás un blanco fijo”, escribía el periodista en El Gráfico Nº2.567, que por estos días es un objeto para coleccionistas. 

“Fuji trata de arrinconar a Locche en una esquina neutral y se va a lo toro a buscarlo. Pero Nicolino ya no está y Fuji se zambulle espectacularmente, y cae sobre la piscina de lona... un campeón mundial en el ridículo máximo para un boxeador, y el torero de pantalones cortos allí al lado”, decía la crónica. 

La gente en el estadio en Tokio enmudecía y no podía creer que un boxeador escapara tantos golpes y que el de enfrente fuese tan efectivo para esquivar y tan exacto al pegar. 

La cara de Fuji se iba agrandando, sus ojos se achicaban aún más, porque los golpes de Nicolino llegaban seguros y muy seguidos. 

Ya en el quinto round se cerraba al todo un ojo de Fuji. La izquierda del mendocino sigue martillando en la cara de Fuji: “La zurda de oro sigue su monólogo virtuosista”. 

En el 7º round se notaría que a Fuji le había costado dar el peso (63,500kg), avanzaba y se perdía entre tanto Intocable que tenía enfrente. El pupilo de Don Paco Bermúdez estaba cada vez más seguro, como si hubiese nacido en Tokio. 

El noveno fue la exhibición mayor con Nicolino colocando cada golpe en la cara del local. Fuji parecía aturdido, ciego y atormentado. No aguantó más. 

En el décimo, Fuji no salió a pelear y el árbitro Nick Pope le levantó la mano al nuevo campeón mundial. 

El gran Nicolino, el mago, el Chaplin, había consumado la obra más brillante de su vida.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Don Alfredo Di Stéfano del ’69


14 de diciembre de 1969. Boca era el mejor del Nacional. El equipo, que era dirigido por Alfredo Di Stéfano, lograba empatar con River en la última fecha y daba la vuelta en el Monumental. Jugaba el mendocino Roberto Rogel, surgido del Lobo del Parque. Ese Boca perdió un partido de los 17 jugados y fue contra San Martín de Mendoza. Por la 13ª fecha el Chacarero lo derrotó de visitante por 1 a 0, con gol de Achaval.

“Ese Boca había crecido de la mano de Alfredo Di Stéfano. Pienso ahora en lo que debe sentir un jugador de fútbol cuando frente a él se planta un entrenador como Di Stéfano, verdadera leyenda viva en el fútbol mundial, considerado como uno de los los 3 o 4 mejores de todos los tiempos”, escribió Roberto Fontanarrosa en su libro No te vayas campeón, en un capítulo titulado “Más velocidad que blindaje”, referido al Boca campeón de 1969.

Por eso, en esta página están los testimonios de dos personas que vieron a ese equipo dirigido por Alfredo Di Stéfano. Uno es el Negro escritor y dibujante fallecido el año pasado, gran admirador y asiduo poblador de las tribunas del fútbol argentino. Y el otro es propio director técnico, en su libro de memorias Gracias, vieja.

El 14 de diciembre de 1969 Boca se consagraba campeón al empatar con River en el Monumental por la 17ª y última fecha, con el mendocino Roberto Rogel, surgido de Gimnasia y titular indiscutido en uno de los mejores equipos argentinos de toda la historia.

Fontanarrosa lo definía así: “Armó un equipo de Boca (...) liviano, flexible, modular, basado en el manejo de la pelota y la habilidad antes que en la lucha y la garra, atributos básicos de la cultura xeneize”.

“Di Stéfano, quizá debido a su pasado de jugador polifuncional de no atarse a ningún rincón del campo de juego, ubicó allí, de 5, al Muñeco Madurga, que tenía una enorme movilidad, muy buen manejo, toque y definición. Sacudió a la cátedra partiendo desde la mitad de la cancha, raudo, para llegar al vacío a convertir como el más acostumbrado de los definidores... rodeado de un grupo de jugadores de su misma sintonía”.

“Por si la cuota de talento y creatividad fuera escasa, también estaba Rojitas. La cintura más famosa del fútbol argentino. En ese conjunto podía hallarse también la cuota de vigor y potencia que todo hincha de Boca reconoce. Rogel acompañaba a Meléndez, como para hacer más notorias las diferencias de estilos”.

Don Alfredo escribió sobre ese equipo: “Hacíamos cosas como el Madrid mío. Jugábamos un 4-3-3. A mí me gustó siempre que el delantero centro se tirara atrás (Novello) para tener superioridad numérica. Tenía dos punteros abiertos que eran maravillosos (Ponce y Peña). Cuando teníamos la pelota , se iban cuatro volantes y el lateral derecho (Suñé), que era un espectáculo”.

También recordó “cuando debutó el pibe Peña y los hinchas del Boca decían: ‘Pero, ¿quién es éste?’, debutaba contra Independiente, que tenía un lateral izquierdo que era uruguayo, que fue famoso, Pavoni. Al final del partido, vino el uruguayo y me dijo: ‘Maestro, ¿qué me has puesto, un defensa central aquí al lado mío?, me cagó a patadas...’ Ésa era la personalidad que tenía Peñita con 18, 19 años y era potente, fortísimo. ‘A ese Pavoni te lo tenés que comer’, le contesté. Y vaya si se lo comió, ganamos 3 a 1. Otro especial era Rojitas. Un chico caprichoso, de esos que necesitan que les des cariño, que les pasés la mano por el cuello. Como jugador de fútbol era un caradura de primera. Le daba lo mismo enfrentar a tres en el área, se los comía, se los llevaba y estaba Madurga, de esos mediocampistas que van en profundidad y se meten al área no al lateral. Con Novello se entendían de maravilla, porque en el fútbol los dúos, las parejas son fundamentales...”.

Si lo dice don Alfredo, es palabra autorizada.

Muy efectivo

29 puntos sumó Boca con una notable efectividad con 17 jugados, 13 ganados, 3 empatados y uno perdido. Tuvo 35 goles a favor y 11 en contra, y superó a San Lorenzo y River con 27.

Al ganador le daban 2 puntos por triunfo y si fuese como en la actualidad hubiese sumado 42 unidades en 17 partidos. 

Imágenes

Boca del ’69. Rogel, Meléndez, Sánchez, Suñe, Madurga y Marzolini. Abajo: Ponce, Rojas, Novello, Medina y Peña.

Don Alfredo. Antonio Roma y Di Stéfano gritan un gol desde el banco.

Sólido. El mendocino Rogel.